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Historias de Miedo

Historias, Relatos, Cuentos y leyendas de terror que te harán pasar miedo.

Era noche cerrada. La lluvia llevaba horas cubriéndolo todo con su serenidad cristalina, pero pocas personas eran conscientes de ello. Vivir solo en un caserón en medio de algún lugar entre las montañas es algo para lo que no todo el mundo está preparado; yo creía estarlo...hasta aquella noche.

Orlando era un joven atractivo, pero demasiado misterioso, siempre estaba serio y no platicaba casi nunca con nadie de la oficina, llevaba una amistad de algunos meses con Carlos.

Un ¡¡¡RING!!! Avisa sobre la hora del recreo, los niños corren entusiasmados por los pasillos, y Lucke, un niño de 12 años que salió el ultimo porque había sido castigado, avistó en el final del pasillo una extraña luz y varias sombras a su alrededor.

Era una mañana clara y muy agradable. Mi compañera de trabajo y yo nos disponíamos a salir al campo a realizar las visitas a las diferentes parcelas que teníamos planificadas para ese día.

"Quizás no lo has notado pero ellos rondan entre nosotros" fue lo primero que me dijo aquella mujer en la posada. Me preocupó mucho el hecho de que una mujer de semejante reputación, una dama de la noche para suavizar el término, se preocupara por unos seres tan etéreos como los que me había descrito.

(Tres versiones). La versión del Muerto. La vieja mezcló las cartas con manos habilidosas y plantó el mazo frente a mí, sobre la mesa redonda tapizada de paño rojo. Con un movimiento rápido y elegante extendió los veintidós arcanos mayores en abanico perfecto.

Realmente íbamos a un pueblo de la sierra de Salamanca, pero me confundí de camino y nos perdimos por la montaña, paré en un sitio, apague el motor y saque el mapa para hacerme una idea de donde estábamos, pero la carretera SA001 no aparecía en el mapa.

Los días deprimentes ya no son celebración en mi vida. Llevo viviendo 15 años en esta fortaleza y nada ha cambiado. Suelo levantarme temprano cuando terminan de cantar los búhos que toman morada en el árbol junto a mi ventana. Sus chillidos se convierten en mi canción de cuna. Mis labores diarias se han convertido en mi vida. Al despertar, mi deber es cerrar una por una las ventanas de cristal de toda la morada.

Cuando me internaron el hospital, fueron las tres noches más escalofriantes de mi vida. Y lo peor fue cuando, en la primera noche, la enfermera (que en opinión estaba algo torcida) me contó que la última persona que había estado en mi habitación había sido una niña que tocaba el violín con infinito talento, pero murió por un problema de sangre.

Como cada día, como cada mañana, después de mi placentero paseo por aquél parque de abundante vegetación, me decidí a acomodarme en uno de sus bancos. Antes que nada, contemplaba aquel hermoso paisaje durante un buen rato. Miraba el quehacer cotidiano de la gente. El mismo jardinero de todos los días regaba y sembraba nuevas flores. Dos chicas calentaban antes de hacer foonting.

Aun no sabía si se había oído en alguna parte, o no. Tampoco sabía, si sería bueno y recomendable arriesgarse. Así mismo desconocía, cómo cojones iba a salir de allí, si la puerta estaba cerrada. Y, lo más importante de todo: ¿alguien tenía una pistola, para acabar cuanto antes?

En el limbo de la inocencia, donde la infancia estalla en su plenitud, en la regadera de la locura, me hallo, entre dos mundos. Soy una niña bastante despierta, a pesar de todo. Y aunque parezca que el sino del pensamiento sea trastocador de ciertas clases de estética del creer, creedme, no es oro todo lo que reluce. 

“Si, ese es mi nombre. No lo vuelvas a preguntar… de acuerdo, Jenna Andreas Bargh me nombro mi amo. Pero debes callar, si se entera que te he permitido la entrada a su morada, te destruiría y me enviaría al cuarto de litio. No lo permitiré. Y si tu te sales de esta habitación sin mi autorización seguro te mato a mi cuenta.”

Era el mes de diciembre, epoca en que me encontraba en examenes finales en la universidad, asi que un dia acordamos con mis colegas ir a estudiar por la noche a casa de uno de ellos, es asi que nos reunimos para la cita pactada.

Resulta inusual que en una pequeña barriada de Granada , donde los lugareños sólo se preocupan por llevar la vida de los demás y donde sus apacibles calles sólo albergan el sonido montono de la fauna cercana al lugar se desarrollen los siguientes acontecimientos:

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