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Relatos Oscuros

Relatos góticos, pensamientos decadente y otros tipos de escritos en los que impera la tristeza, el dolor, etc.

Vaya, que sorpresa, usted otra vez. ¿Quién lo ha mandado? ¿Su superior? ¿O quien? No importa, pase usted a mi lúgubre pero increíblemente cómoda habitación, por favor no preste atención a las ratas muertas ni las cucarachas que rondan por los rincones, entre el oxido y la mierda.

Si colocas el cuchillo sobre la garganta y presionas notarás como los nervios conectados a la piel se ponen alerta, advirtiendo que algo pasa. El estímulo se define como una sensación de terror seguido por un impulso nervioso que vuelve del cerebro con la señal del dolor. La piel es lo primero que cede, luego la carne roja se separa, con la suma facilidad que le permite la afilada hoja del cuchillo.

Mi padre estaba muerto. Yacía junto a mí sobre su lecho de eternidad. Parecía dormido, como en los recuerdos de lejanas noches de verano pasadas en la infancia. Pero ahora su semblante estaba cubierto por un frío halo de palidez y sus manos cruzadas sobre un pecho inerte que había olvidado su pulso vital. No siempre resulta fácil asimilar los fenómenos que llegan ocultos bajo la irreal impresión de cotidianidad inmutable donde creemos existir.

Desperté, y tras un pausado parpadeo, conseguí abrir los ojos completamente. Las remanentes brumas del sueño me hicieron desconfiar de mis ojos durante unos instantes, y cuando éstas se disiparon, no quedó sombra de duda alguna: todo estaba sumido en la más absoluta oscuridad.

La noche era calurosa, apenas traía brisa para alejar los fantasmas que nacían de su habano; Julio, don Julio, sentado en el ático de su mansión solitaria junto a la cala privada, rodeado de tierras innecesarias herencia de crímenes a fuerza olvidados y verjas de acero aún más innecesarias por ser antes las del miedo que en sociedad llamaban respeto, contemplaba el negro mar invertido del cielo.

No se sentía parte de algo, su mirada triste y sus ojos profundos su mente no era mas que mares en donde se ahogaba y nunca llegaba al fondo, al llorar, de entre las lágrimas brotaban su felicidad, no comía ni bebía en días, el sueño había desaparecido, ya no podía dormir.

Me desperté sobresaltado. Abrí los ojos y la entidad se encontraba frente a mi una vez más, su voz era un vómito que me incitaba a acabar con mi hijo... pero yo lo quiero, o eso me parece recordar. El mal que habita en mí se alimenta de esa voz, de ese vómito maldito y nubla mi razón, pienso en cosas terribles, cosas en las que nunca pensaría, en las que (creo) no pensaba antes. Pero mi estado previo a las visitas del ente es una nube difusa, no recuerdo quien era, lo que pensaba o sentía, ahora le pertenezco (o estoy apunto de hacerlo).

Volví a casa, desesperada, llorando sin poder contenerme. La rabia, la desesperación, el engaño, la decepción, todos esos sentimientos se mezclaban en mí con alarmante velocidad mientras brotaba de lo más hondo de mi ser un grito desgarrador de dolor. Ese día terminó todo para mí.

Ten cuidado con lo que deseas... Perla, angustiada por la conducta de su padre, miró atónita como su ángel comenzaba a moverse de la piedra donde estaba empotrado. Una leve pero macabra luz verde salió de sus ojos y pareció sonreírle siniestramente, mientras la desesperada joven trataba de huir sin conseguirlo.

Llevaba dos horas en aquella discoteca, acodado en la barra esperándola y ella no se dignaba a aparecer. Recordaba el primer día que la vio, era tan hermosa.... un cuerpo de infarto, vestida de negro absoluto con unos pantalones y un top que se acoplaban a su figura como una segunda piel, los tacones de vértigo y la melena, negra también, suelta. No pudo apartar los ojos de ella en toda la noche, hasta que al final la vio marcharse con un imbécil que debía llevar veinte copas de más entre pecho y espalda.

El 9 de febrero de 1995 Manuel Álvarez (nombre figurado), vigilante de las obras del ferrocarril de La Cañada (Ávila), entraba presa de un ataque de nervios en la cantina de la estación, donde ya sólo quedaban unos pocos parroquianos. Después de tranquilizarse comenzó su relato: sobre las 21:30 horas, estando encerrado en el barracón donde pasaba sus noches de vigilancia, escuchó ladrar a la perra.

Sentado frente al piano, imaginando una suave melodía recordando su hermoso rostro. Es que me encontraba aquel día. En la oscuridad de un frío anochecer, en la soledad de un gran comedor, es lo que solía hacer en esos días, fumar algunos cigarros mientras meditaba en algún futuro no muy prometedor como lo era mi presente, también solía soñar con futuros luminosos pero no representaban más que sueños.

El reo miraba hacia la vacía pared gris con expresión ausente. La sombra de los barrotes de la ventana se proyectaba contra el gran muro de su celda, recordándole su cautiverio. Imposible saber el tiempo que podría llevar ahí. Sus ropas, ahora harapos, parecían extensiones de piel muerta de su propio cuerpo.

¿Crees la mitad de las historias, de este tipo, que te han contado a lo largo de los años? Dudo que hayan sido pocas. ¿Crees? Si algo he aprendido es que no nos vasta con solo creer, este sentimiento es el que me ha motivado a reunir a un grupo selecto de amigos y familiares con la intención de buscar lugares rodeados de leyendas y pasar una o dos noches en estos con la intención de tener pruebas de estos eventos. Esto nos obliga a retomar mi pregunta, te puedo decir que yo no creo, yo he visto.

Crack, crack.......

Siempre el mismo sonido.

Crack, crack.......

Desde hace unos años solo escucho este sonido, mientras veo la tele, hablo con mi mujer o mientras duermo

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