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25 de abril del año 2185, Campo83:

El laboratorio está solo, en poco tiempo el reloj digital dará la medianoche y afuera, tras las paredes metálicas, la nieve sigue cayendo en el Campo83, un lugar desolado donde los cadáveres sepultados duermen bajo el sol sofocante del día o las estrellas lejanas y solitarias, como los pocos árboles sin hojas que todavía quedan, o como los ojos del coronel y científico Raúl Fuentes, que mira el triste paisaje al otro lado del cristal blindado, de pie y fumando uno de esos cigarrillos inofensivos con los que habrían soñado los fumadores empedernidos de principios del siglo XXI y él, nacido el año 2150 en la colonia espacial Estrella de Marte, tiene la suerte de disfrutar cada día sin miedo alguno a deteriorar su salud.

Sus pequeños y hundidos ojos de color verde-esmeralda tienen la mirada penetrante de aquellos misteriosos personajes de mente brillante y corazón oscuro; su nariz es ligeramente grande, pero recta y bien formada; sus cejas son largas, grises, pobladas y un poco desordenadas; su quijada es rectangular y, al igual que sus mejillas y el sitio en que podría estar el bigote que nunca se deja crecer, tiene casi siempre esos puntos grises de las barbas que no tienen más de tres días; sus labios son finos y secos; su frente es recta, alta y ancha; y su cabeza, con apenas un poco de pelos grises en los costados, está casi totalmente calva y generalmente cubierta por uno de esos gorros de lana, que no tienen visera y suelen emplearse en climas fríos. Del cuello para abajo, está cubierto por una bata blanca de doctor, es de contextura delgada y mide 1,90 metros de estatura, cosa que es importante porque medía apenas 1,60 antes de que ascendiera a coronel y, con el excedente salarial, se mandase a poner unos implantes metálicos para aumentar su estatura y "mirar literalmente por debajo del hombro" a tanto soldado que consideraba rústico y carente de masa encefálica.

Mirando al pasado:

Como puede imaginarse a partir de la descripción, Raúl Fuentes no era un hombre muy amable: era frío, calculador, cerebral, duro, a veces áspero y, en ciertas ocasiones, cruel hasta rozar o caer en el auténtico sadismo. Los de bajo rango le temían, pero en general los oficiales lo respetaban. Por su parte, la mayoría de civiles lo consideraban un verdadero monstruo, una especie de personificación del mal. El punto es que no siempre fue así: de hecho, era todo lo contrario...

La transformación comenzó en la ciudad de Diotima, en el año 2165. Para aquel entonces, Raúl tenía quince años, era un "come libros" y un estudiante destacado que sacaba las mejores notas sin esfuerzo alguno, tenía unos dos o tres amigos, y una amiga a la que deseaba convertir en su primera novia. Era amable, conversador, generoso, compasivo, con un sentido del humor un poco extraño, y una cierta tendencia a molestar y poner apodos, aunque nunca llegaba a pasarse de la raya, a cargarse mucho con uno o dos, o a ser cruel en sus bromas. En la clase le apodaban "Einstein" y le pagaban pequeñas sumas para que les hiciese tareas o les ayudase a entender problemas complicados, cosa que aceptaba a menos que estuviese muy ocupado. El gran cambio se dio cuando un día, abruptamente, la Confederación Blanca invadió la ciudad, matando a cuanto civil, policía o militar presentase resistencia, saqueando comercios y casas, violando mujeres y adolescentes, y asesinando por diversión a mascotas, ancianos o cualquier ser humano que no pudiese caminar y hablar por su corta edad. En el caso de Raúl, él vivía con su madre Antonia, su padre Roberto y su hermana Adelaida, que tenía 17 años y era no solo su hermana sino su amiga y consejera. Todos estaban escondidos en el sótano, pero los soldados invasores los encontraron y les ataron las manos y los pies, con el añadido de que a su madre y a su hermana las desnudaron y las violaron entre todos, que eran diez en total aquellos cerdos miserables. Roberto habría sido capturado como rehén ya que era un matemático destacado que podía ser muy útil a los invasores, pero uno de los soldados, el más violento y estúpido, se descontroló cuando Roberto lo insultó mientras abusaba de Antonia, y encolerizado sacó su sable láser y lo cortó en dos, recibiendo inmediatamente su castigo a manos del sargento, que le gritó "¡imbécil, ese nos servía!", e inmediatamente sacó su pistola láser de doble cañón y le voló la cabeza, dispersando su inútil cerebro por el lugar... Esas y otras atrocidades se dieron aquel amargo día, en el cual Raúl, Antonia y Adelaida fueron conducidos a un campamento de prisioneros, siendo categorizados como "potencialmente muy útiles" después del exámen médico y psicológico al que sometían a todos los civiles capturados, eligiendo siempre a los de gran fuerza física, elevada inteligencia o ambas cosas, exceptuando casos de mujeres atractivas que, sin poseer fuerza, inteligencia o talento alguno, eran simplemente usadas como esclavas sexuales, siendo arrojadas a los bimús (una raza de perro creada con Ingeniería Genética, más poderosa que el pitbull y más inteligente que el pastor alemán) hambrientos cuando se desgastaban o enfermaban. En cuanto al resto de prisioneros, si llegaba a descartarse su utilidad potencial tras los éxamenes, eran simplemente usados para alimentar a los perros. A él, a su madre y a su hermana, los habían capturado al sospechar que tenían gran inteligencia por ser hijos de un matemático y, en el caso de Antonia, una destacada bióloga marina. Y sí, los exámenes mostraron que los tres eran superdotados, pero lastimosamente Antonia y Adelaida fueron ejecutadas por intentar escapar: él les dijo que las descubrirían, pero no le hicieron caso y ahora solo las veía en sus pesadillas, como dos cuerpos destrozados sobre el suelo de acero del área121 (área de los perros), como dos cadáveres rodeados de canes feroces que gruñían y competían entre sí por arrancarles más trozos de carne ensangrentada...

La experiencia anterior significó el inicio de la conversión de Raúl en lo que era ahora, pues desde ese día su corazón se fue endureciendo, bajo el peso de la soledad, la ira, el odio, el rencor, y el ver atrocidades cada semana de su vida, incluyendo los quince primeros años en que estuvo con la Confederación Blanca, recibiendo entrenamiento militar pero también, debido a que en los test había obtenido un coeficiente intelectual de 170 (¡10 puntos más que Einstein!), siendo formado en todas las principales ciencias, pero sobre todo en las que más le gustaban: Física, Química y Biología. Paralelamente, por su cuenta y en parte gracias a que apenas necesitaba dormir cuatro horas para estar bien, Raúl dedicó casi todo su tiempo libre a investigar sobre Ocultismo y Parapsicología en la biblioteca de la base HQ777 (una enorme estación espacial flotante con un magnífico sistema de misiles y campos de fuerza), a la cual fue transferido un mes después de que muriesen su madre y su hermana. Un día, cuando tenía veinte años (y rango de teniente) y estaba leyendo sobre investigaciones científicas en torno al aura humana, otro teniente (amigo suyo) se le acercó y entonces tuvo lugar la siguiente conversación:

— Raúl, ¿por qué te interesan tanto estos temas? Nunca encontrarás respuestas.

— Abel, ciertamente no creo que pueda dejar definitivamente aclarados ciertos asuntos con el método científico, pero sí que podrían conseguirse suficientes evidencias para emitir conclusiones de probabilidad en torno a determinadas alternativas concernientes a lo que ocurre al morir, teniendo en cuenta que entre esas alternativas está la de que no exista nada más que estas malditas células de cuya sincronía bien podría haber surgido la mente como un fenómeno condicionado que percibimos como inmaterial cuando en realidad es pura actividad eléctrica vinculada a complejos procesos químicos.
— ¿Entonces crees que no hay nada después?

— Yo no he dicho eso, solo exponía una posibilidad. Mira, te diré algo: nadie puede demostrar la existencia o inexistencia de Dios, a menos que se base en un concepto abstracto y demasiado general de Dios y de otros puntos vinculados a él que intervengan en la demostración, pero eso en el fondo no es demostrar a Dios sino a una simple concepción incompleta y quizá equivocada del mismo. Dejemos entonces a Dios, lo que me importa es el alma. Yo perdí a toda mi familia, he estado solo todos estos malditos años de mierda, apenas con unos pocos amigos que ahora son dos, incluyéndote. Entonces puedes imaginarte mi desesperación: no quiero pensar que mi madre, mi hermana y mi padre se han ido para siempre, no quiero pensar que sus átomos se disiparon y se reintegraron al universo, y que lo que eran ellos desapareció, se esfumó como si hubiese sido solo un condenado espejismo. No me importa si hay reencarnación y están en otra vida, si hay cielo e infierno y están en el cielo o aún siguen en el purgatorio, o si hay otra cosa que no imaginamos pero están en algún lugar. Entiéndeme, hermano, lo que me importa es que aún existan, de alguna forma, en algún lugar del universo o los universos, incluso si hay otras dimensiones y están en otra dimensión. Y esto también me obsesiona por mí: no quiero desaparecer del todo y para siempre.

— ¿Y has conseguido ya evidencias del alma?

— Yo no, pero el aura humana está vinculada al alma, es como la expresión del alma en un campo electromagnético que rodea a cada persona y tiene particularidades y cambios vinculados no solamente a la salud del sujeto sino a sus pensamientos y emociones. La cosa es que, si se consiguen realizar experimentos que muestren la posibilidad de que el aura u otro tipo de cuerpo energético se desprenda del cuerpo físico y lleve consigo a la conciencia del sujeto, entonces se habrá mostrado la posibilidad de que la conciencia sobreviva a la muerte física, lo que a su vez implica la posibilidad de que sobreviva por siempre, pues bien puede ser que se desintegre o que perdure, o que si se desintegra la conciencia pase a otra dimensión, aunque eso escaparía a las posibilidades actuales de la experimentación científica.

— Pero todos esos experimentos y los equipos necesarios son muy costosos, jamás conseguirás el dinero.

Yo no, pero ascenderé, llegaré a coronel y me asignarán la dirección de las instalaciones científicas en el Campo83. Claro que los experimentos podrían violar los derechos humanos, pero te aseguro que para el año 2185 estallará una guerra con La Unión Omega, y entonces yo estaré dirigiendo las instalaciones, y experimentaré con los prisioneros de guerra, haciendo las peores cosas con los que sepa que han abusado de civiles inocentes, como hicieron ciertos soldados de nuestro ejército con mi familia. Voy a buscar evidencias del alma a costa de sangre y lágrimas humanas, ¡jajajjajajajajajajajjajajaja!

— Raúl, ¡estás loco! Además dime: ¿de dónde chucha has sacado que habrá una guerra con La Unión Omega justo en ese año?, ¿qué has estado fumando, qué pasa contigo? ¿Ahora te crees tan profético como Isaías vaticinando a Cristo?

— No, es solo que he hecho cálculos de probabilidad, Abel, eso es todo, he hecho cálculos de probabilidad en base a la situación actual y a la evolución que los acontecimientos vinculados al asunto han tenido durante los últimos cien años. El resultado ha sido que en el 2185 habrá una probabilidad de 95% de que estalle la guerra, mientras que en cualquiera de los cinco años posteriores o anteriores la probabilidad no pasa de 75%. No me creas, tú solo espera y lo verás.

11 de septiembre del año 2185, Campo83:

Raúl se pasea con las manos entrelazadas atrás de la espalda, camina de forma autoritaria entre los prisioneros de guerra que permanecen inmovilizados por las máquinas: un civil ha vomitado en una máquina giratoria (en que lo encadenan boca arriba, en posición de X) concebida para inducir sensaciones de desdoblamiento astral, una mujer ha desarrollado epilepsia tras estar 48 horas en el Cuarto de Fotones, donde hay luces de muchos tipos, intensidades y colores, dispuestas en un sistema hecho para producir estados de trance místico. Pero lo peor de todo es el mayor Jahns Fritz, que derribó la nave de Abel (amigo de Raúl) en la última batalla, destrozándolo con un misil después de que saltara en el asiento eyector y desplegara el paracaídas, sin darle la oportunidad de vivir que casi siempre se da en un combate justo. A Jahns, Raúl lo puso en la Silla Negra, un artefacto temidísimo entre las filas enemigas, una máquina perversa que combina descargas eléctricas, tentáculos robóticos que torturan al sujeto y le inyectan sustancias para alterar su estado mental, sonidos que manipulan la actividad cerebral, y un complejo e innovador sistema de pulsos electromagnéticos que pretenden fortalecer el cuerpo energético del sujeto, a fin de que la manifestación energética de su alma pueda ser fotografiada (con las cámaras especiales de la Silla Negra) una vez que haya experimentado una proyección astral inducida por el terror, o una vez que haya muerto de dolor... Sí, esos y otros aparatos perversos tiene Raúl en el laboratorio, y ya son 500 las personas que han muerto en sus experimentos desde que la guerra empezó; sin embargo, la única máquina que ha dado grandes resultados es la Silla Negra: con ésta, ha conseguido fotografiar y filmar los cuerpos energéticos de las 20 personas que fallecieron sentadas en ella... El gran problema es que nunca ha podido fotografiar el cuerpo energético sin matar a alguien en la Silla Negra, y eso podría ser muy útil porque cuando mueren simplemente ascienden hasta traspasar el techo y perderse de vista, de una forma automática que los escépticos podrían interpretar como el hecho de que la conciencia no sobrevive en el cuerpo energético y que probablemente éste se desintegra después. Por eso, Raúl necesita filmar el cuerpo energético de alguien sin matarlo, para interactuar con la víctima mientras está fuera del cuerpo físico, a fin de mostrar que sigue consciente, que su conciencia muestra actividad fuera del cuerpo. Por eso, ha tenido mucho cuidado con Jahns, torturándolo con suma crueldad y a la vez con gran cuidado para evitar matarlo. De todas formas, Jahns acabará muriendo igual que los demás, pero con las tripas afuera (pudo seguir vivo un tiempo así, gracias a una forma avanzada de anestesia).

Encontrando la respuesta:

El 1 de diciembre del año 2185, Raúl murió de un paro cardíaco después de que La Unión Omega lo capturara en un combate y, por considerarlo un gran criminal de guerra, lo condenase a permanecer en El Pilar de Sangre: un cilindro translúcido lleno de avanzados equipos de tortura programados y controlados por ordenador, donde el condenado permanece desnudo a la vista pública (está en una plaza), recibiendo suero para que viva y sufra más, y muriendo generalmente de un paro cardíaco en un momento en que el dolor resulta demasiado intenso. Allí Raúl falleció, y en el momento de su muerte sintió que perdía la conciencia y todo se tornaba negro, como si cayera víctima de un sueño pesado. Sin embargo, poco después despertó en un bosque oscuro, con árboles sin hojas, tan altos que no dejaban ver la luna. Era un bosque lleno de sombras que rápidamente se movían, emitiendo alaridos o sonidos aterradores, un bosque en que a veces aparecían horrendos rostros en la madera de los árboles, y después desaparecían, y en que no sentía su cuerpo al igual que en una pesadilla, pero todo subsistía igual que en la realidad. "El alma existe, y esto debe ser el infierno", se dijo a sí mismo Raúl, tras despertar allí y ver su rostro en una charca de aguas turbias, devorado por gusanos y marcado con extraños símbolos de apariencia satánica...

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