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Me despierto en un páramo desolado, de un cielo gris y apagado, tierra yerma y muerta, sin ningún rastro de vida, más que unos pastos secos. Me levanto y empiezo a caminar. No sé por qué, solo camino y camino a través de ese mundo desconocido. El sonido de miles de voces, acompañadas de una espeluznante pista, viene a mi cabeza.

Junto con estas voces, puedo oír el ruido producido por insectos al caminar uno arriba del otro, el ruido de sus articulaciones moviéndose, el ruido de sus diminutos cuerpos retorciéndose en un baile que parece no tener comienzo ni final. Siento la mirada de cientos de cosas sobre mis espaldas, como si estuviesen esperando el momento justo para saltar y devorarme hasta los huesos. Esto no puede ser real. ¿En qué clase de cabeza desquiciada cabria la idea de algo semejante? No quiero seguir más, la presión ejercida por las miradas y el sonido de esas voces agonizantes sobre mi cabeza es demasiada. Por favor, paren, por favor, no puedo soportarlo, no quiero más, esto me está matando, para, ¡PARA!...Silencio. El silencio reina ahora, no hay más voces, no hay mas miradas, nada, solo silencio.

A lo lejos puedo divisar un animal en movimiento y, acompañado de este, un relincho. Ah, por fin, por fin algo que si pertenece a mi mundo. Me acerco lentamente y, a medida que lo hago me voy dando cuenta de la verdadera forma de esta bestia: su piel estaba totalmente resquebrajada, su pelo, era como la paja que adornaba estos campos malditos, y dos grandes cuernos adornaban su cabeza. Pero lo peor, era su rostro: una calavera de un individuo de su misma especie reemplazaba su cabeza, dejando ver solo sus fosas nasales como si fueran las de cualquier otro equino. Horrorizado por el hecho, me doy la vuelta, para encontrarme con que ahora, donde antes no había nada, ahora se encuentra una catedral enorme y tan oscura como el ébano, tanto que mis ojos no alcanzan a ver el final de esta. O no, las voces están volviendo, junto con esos asquerosos sonidos. Enserio, no los aguanto, las ganas de estrellar mi cabeza contra una roca y poder sacar esas voces y sonidos de ahí son tremendas. Las miradas sobre mis espaldas han vuelto, pero ahora no solo es sobre mi espalda, sino también sobre todo mi cuerpo. Me adentro hacia la catedral, ignorando todo lo demás, esperando encontrar las respuesta a todo esto adentro. A medida que me acerco, las voces y los ruidos, a la vez que las miradas se hacen cada vez más fuertes.

Estaba tan centrado en lo demás, que no me percate de un escalofriante y asqueroso hecho: las puertas, así como la catedral entera están compuestas por innumerables insectos, gusanos y demás alimañas, cada uno retorciéndose y superponiéndose uno arriba del otro. El terror que siento ahora mismo es indescriptible.

Detrás mío unas pisadas fuertes se dejan oír, rompiendo con mi estado de estupefacción y haciendo que me de la media vuelta. El caballo, si podía ser llamado de esa forma, se acercaba a todo galope hacia mí y, por lo visto, no presentaba ganas de parar. El miedo no dejaba que mis piernas se movieran, y solo cuando el caballo se encontraba a unos pocos segundos de mi, pude reaccionar, pero fue demasiado tarde. El golpe que recibe de sus patas delanteras, me empujo directo hacia la catedral, rompiendo la puerta y adentrándome en la oscuridad que allí reinaba. Me levanto, con el cuerpo adolorido, en especial el pecho, donde recibí el impacto. Allí dentro era sorprendentemente pequeño en comparación con el tamaño que presentaba afuera. Siento un hormigueo bajo mis pies. Ésas pequeñas monstruosidades se mueven de aquí para allá, algunos suben sobre mis zapatos, para luego bajar lentamente, dejando un rastro viscoso tras de sí.

Ignorando el hecho, ya que mis preocupaciones son ahora más grandes, dirijo mi mirada hacia la parte central de la catedral, justo arriba del altar. Allí se encuentra un enorme vitral circular, pero donde deberían estar los vidrios, se encuentra una sustancia al parecer pegajosa, que se resbala por las paredes. Me doy cuenta de que absolutamente todos los vitrales de allí están constituidos del mismo material. Las paredes, además de estar construidas, como ya he dicho, con miles de esas asquerosidades, están adornadas con crucifijos invertidos, donde se encuentran crucificados los cuerpos de pequeños mamíferos, todos en pleno estado de putrefacción. No lo soporto, esto es demasiado, una mente tan débil como la mía no podría soportar esto. Quiero irme a casa, no quiero estar más aquí, es horrible. Mamá ¿Esto es un sueño, verdad mamá? Basta, déjenme ir, es asqueroso, basta, basta,¡¡BASTA!!...

-Oye, despierta.

-¿Mm? ¿M-Mamá? ¿Que sucede?

-Parece que tuviste una pesadilla, Estabas llorando y gritabas "basta, basta" cuando llegue.

-Oh mamá, fue horrible. Soñé que estaba es un lugar horrible donde había una iglesia hecha con insectos y gusanos. Y había un caballo que tenía una calavera en vez de cabeza.

-¡Ja, ja, ja! Te dije que esos dibujos chinos que miras hasta tan tarde te están haciendo mal.

-No son chinos, son japoneses. Y se llaman "Anime" no "dibujitos".

-Son lo mismo. Ahora levántate que llegaras tarde a la escuela.

Me levanto. Desayuno en silencio. Ah, mi mente todavía está algo sacudida debido a todo esto. Me duele el pecho. O por Dios, como me duele, no recuerdo haber despertado con este dolor. Demonios, no puedo respirar bien.voy al baño, me quito la camisa y mira mi pecho.
-E-Esto...esto no puede estar pasando...esto no es verdad...

En medio de mi pecho, se pueden apreciar dos grandes marcas de cascos de caballo bien marcadas y con un tinte colorado.
Salgo del baño. Me meto en la cocina.

-¡Mamá! ¿Donde estas? Mira esto.

-Aquí estoy. Detrás de ti.

-Mamá, mir-...

El espectáculo que se celebraba delante de mí era tan atroz, tan repugnante y grotesco, que escapaba de los límites de la comprensión humana.
Allí donde debería estar mi madre, ahora se encontraba una criatura totalmente encorvada, con partes de lo que aparentaba ser su columna vertebral sobresaliendo por los costados, y sus dedos estaban estirados y se movían como si fueran serpientes a través del piso. En donde debería estar su cabeza, había una masa de carne y piel totalmente amorfa.

-¿Qué sucede? ¿Te ocurre algo?

-N-No, no otra vez... ¿Por qué? ¿Por qué no pueden dejarme en paz?

-¿Mm? ¿Dejarte en paz? ¿Quien?

-No, basta, no me hables monstruo...A-Aléjate de mi...No te me acerques...N-No... ¡NOOOOOOO!

Un sonido, como un pitido, colmó la sala, que hasta ese entonces había permanecido en total silencio.

-Señor, hemos perdido al sujeto C-2945.

-Ahh, supongo que al fin y al cabo la droga es demasiado para un joven de 14 años.

-¿Qué hacemos?

-Arrojen el cuerpo al rio, háganlo parecer como si hubiese estado involucrado en unas de esas bandas de gánsteres que pasan por la televisión. Con su edad, no levantará sospechas. Todos cometemos estupideces en la adolescencia.

-Si, Señor. ¿Y con la droga?

-Busquen a otro "voluntario", esta vez un adulto.

Antes que sacaran el cuerpo del joven desafortunado, se podían ver una mascarilla que conectaba la boca y la nariz del joven, con unos tubos de gas a unos pocos metros de distancia. En estos tubos se leían las siguientes palabras:

"WARNING"
"BIOHAZARD"
"DEMENTIA VIRUS"

Fin

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