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CAPITULO 1º: EL DELITO "Yo soy Elizabeth, reina del amor, destreza de mujer que camina entre varones. Son ellos los que me dan sus dones, me traen la miel. Pongo un pecado de pureza en cada situación, dando la clave del sentido de lo que pienso. Yo traje la venda al mundo, que cubre las heridas de los que no quedaron ilesos. Por eso traigo la fuerza y el coraje a aquellos que lo necesitan. Proporcionado vidas mejores.

Es el amor por el bosque que me hace sentir dichosa, cuando cabalgaba en la infancia por aquellos montes. Ya nada se de mi futuro, es incierto del todo. Pronto morirá mi corazón, y caerá en penumbra. Ya oigo el caminar de sus pasos, acercándose a mi pecho. Con espada de bronce cortaré las ramas que me impiden el paso, hacia el escondite de la victoria. He de tomar paso decisivo hacia mi fuga, pues pueden verme los perros del miedo, ellos son lo que me confunde y me hace sudar. Cuando él vio mi cuerpo desnudo comencé a sentir la cacería de mi extraño ser. No desmayé por la sangre sino por el tono de su mirada. Que decía, que yo ya estaba atrapada en la red de araña. Por siempre a su voluntad, podría hacer conmigo lo que quisiera, sabiendo que no sería culpado. Aquel miedo me hizo cómplice, de su intención. Era como un animal, lo juro, que te acecha lentamente hasta darte el mordisco en la garganta. Allí el miedo me encolerizó, y renací de otra forma para ser su amante, en el lecho de mi madre, yo ya no tenía nada que hacer. El fue quien me violó."

Llegó contenta a su habitación, frente a un espejo decidió vestirse. Eligió varias cosas, no sabía como llamar su atención de nuevo y quería volver a conseguirlo. Estaba muy indecisa, no sabía por donde empezar. Cogió algo de maquillaje, y se atrevió a pintarse los labios. También se pintó el rostro y contenta se decidió por fin por un vestido blanco con flores estampado. Bajó las escaleras. En la puerta le esperaba su padre, que no quería que se marchase. Olía un poco a alcohol, y le dijo que fuera al salón. Quería hablar con ella y la interrogó. Le preguntó a donde iba y porque era tan guapa. Hacía tiempo que no se veían, en la clausura del colegio no las dejaban salir mucho. Quiso saber si ese vestido era suyo y le pidió que se lo quitara. No importaba nada, debía confiar en él. Pronto se acercó a ella y desabrochó un botón. Volvió a decir que no tuviera miedo, y dio otro trago al wisky que bebía. Ella no comprendía nada, y la llevó con el brazo a su habitación.

"Cuando aprendas a comportarte ya será demasiado tarde. Quítate la ropa y la pintura de la cara, tu madre jamás habría hecho eso."

"Amo a un chico", dijo ella.

El la agarró con fuerza y la hizo quitarse el sostén. Después todo la demás. Le destrozó el alma, ella quedó encogida e inmóvil. Sólo quería morir. Y su padre comenzó a balancearse, y se desplomó sobre el suelo. El vestido estaba roto, las medias también, y la pintura de la cara se había corrido de su sitio.

Abrió la ventana y salió vestida con la ropa del internado. Pronto encontró un lugar donde llorar, y lo maldijo todo. Prometió no regresar, pero pronto la llevarían a casa de vuelta. Ya no quería ser mujer, ya no quería vivir. Se acercó a la vía del tren, dispuesta a ser la esposa del demonio en el otro mundo. El vigilante la vio y la tomó por el brazo y le dijo que la llevaría a donde quisiera. Ella le maldijo también, los maldijo a todos y llegó su madre tras escuchar la llamada de aquel hombre que la retuvo.

Aquella mujer que creció en un convento lloraba de verdad, lagrimas por ella, pues había elegido el peor de los caminos. El más pecaminoso. Y regresó al cuarto donde habían estado siempre sus muñecas y sus juguetes. Por la mañana, día de domingo, sus padres fueron a la iglesia, y ella se quedó sola, entre sollozos, ya no tenía derecho a ir con ellos. Pero se quedó dormida, recostada en su habitación, dando el mundo por terminado. Entonces ocurrió. Roberto tiraba piedrecillas a su ventana, como cuando estaban en el colegio. Ella la abrió y lo vio tan asustado como lo estaba ella. Subió por la tubería y no hubo más palabras. Era el amor de sus sueños, comenzaron a besarse y a quererse más que nadie. El sol brillaba y ellos estaban en la cama, tan desnudos como dos flamencos rosas, sus cuerpos empezaron a notarse cálidos como estufas en invierno y sus alientos eran compartidos por ambos. Ella le hizo entrar dentro del ropaje de la cama y viéndose dentro comenzó lo que con tanta ansía habían esperado durante tantos años, y la locura engendró por fin su amor. Tras aquello quedaron juntos, en silencio, mirándose mutuamente hasta quedar hipnotizados. Fue su más sagrado sentimiento y al verse ya en el final de su aventura, la puerta se abrió con fuerza y entró el padre de Roberto, junto a la madre de Elizabeth.

El alcalde del pueblo de la Pequeña Villa quedó muy sorprendido, pues Roberto ya esperaba casamiento con una mujer. La madre de Elizabeth lo pasó peor. Los dos muchachos estaban bien juntos, arropados en las sábanas y cubriéndose el cuerpo. Miraron de manera profunda, aclamando un perdón, algún milagro que les pudiera hacer estar juntos para siempre. El padre de Roberto lo amarró del brazo, tiró con fuerza, y lo llevó fuera, tras un bofetón. La madre de ella cerró la puerta y no olvido la ventana que la dejó con llave. Tras pasar unos treinta minutos apareció el padre de Elizabeth, que entró sin llamar dando gritos de cólera, apuntando a su rostro y diciendo que estaba envenenada por la sangre del demonio. Aquel pueblo era muy casto, su familia también.

"¡Nunca saldrás de aquí sin mi permiso!"

Dijo a voces, planteándose de nuevo la vida, azotándola en la espalda, con el cinturón de cuero. Y luego le dijo suaves cosas, como te quiero, no te haré daño. Ella lloraba y al escuchar eso hizo caso a los consejos que un día su madre le dio. Se arrodillo en sus piernas y suplicó piedad.

"Parece que lo has entendido, yo no soy tu padre."

La hizo callar y la subió al coche. Llegaron muy lejos, hasta las montañas. Allí salieron y fueron al bosque.

"Qué quieres que haga, ¡¿te llevo al manicomio?!"

La agarró por el brazo y la tumbó, ella estaba encolerizada. Le quito la ropa, el sostén, ya no tenía la obligación de nada frente a nadie, su alma era pura, y la de su querida hija estaba manchada de sangre, como su vientre. La tomo por las piernas y le hundió el pene dentro, ya no tenía más razón de existir que poseerla por última vez. Ella era hermosa, y el estaba enamorado de su cuerpo tan jovial. Y la dejó en la carretera, perdida en la montaña junto a un camino serpenteante. Ya no vería más a su madre, ni a nadie. Vio el coche regresar por donde vino y al desaparecer se quedó sola y en la oscuridad.

Dijeron que su hija se había vuelto loca, y ahora estaba con los médicos para siempre. No era cierto, andaba por el bosque errabunda y sin dirección. Aquel poblado de La Pequeña Villa jamás había visto una historia como aquella. El sermón del cura fue rotundo. Hablo de que el demonio se la había llevado, y que ahora estaba en el infierno. Dijeron que huyó antes de que la quemaran pues era una bruja. También dijeron que en el manicomio mató a un guarda y la habían encerrado con las ratas. Nadie sabía que decir, pero debían cerrar sus puertas por la noche y quemar todo aquello que fuera objeto de deseo, pues el Ángel Caído se presenta en muchas formas.

CAPITULO 2º
NUNCA CREÍ EN DIOS...

Tras camina trecho arriba cubrió la distancia de la pendiente y bajó hasta la ladera. Allí, bien lejos, había luces, y tomo esa decidida dirección. Llegó la mañana, y el sol le dio ánimos. El bosque era profundo y comenzó a sentir cosas raras. Veía alucinaciones y se había vuelto loca. Vio sombras y hombres perdidos también, que no contestaban a su voz. Vio sangre derramada y gente moribunda, salió de allí y llegó al río. Todo parecía ser normal y siguió su corriente hacia abajo. Pronto pensó que aquel caudal era el signo de Dios, lo más importante, la sangre del mundo, y necesitaba una barca para cruzarlo. Sus ropas de colegio le hacían daño, su cruz era caminar como siempre hasta llegar bien lejos. Los pájaros le hacían señales que no supo entender. Por fin saltó al agua y fue llevada por la corriente. Pronto vio una piedra y se agarró a ella. Ahora podía morir, estaba a punto de ser ahogada y lloró por falta de alimento. Pronto despertó sin más, de un desmayo tremendo, escupió el agua tragada y vomitó toda su cólera. ¿Quién era su padre?, ese ser cruel que la dejaba morir en la pena más grande. ¿Quiénes eran ellos?, que no eran conscientes del dolor. Pronto empezó a saber odiar y a sufrir. Ya no había gente muerta, ahora soñaba que su madre la seguía, con toda la tristeza del mundo, y ella quería reencontrarla pero no estaba allí. Paso por un puente que le llevo al otro lado de un estanque. Las aves daban círculos y ella tenía miedo. De un árbol tomó frutos hasta decir basta. Estaba temerosa, y se arrodilló en el suelo. Diciendo que ella era culpable, que era verdad todo y que rogaba un poco de piedad. Ya no había escapatoria, los lobos le darían el último aliento, allí no había luces, no había nada. Ni casas ni guaridas y se desplomó en el suelo sin saber qué hacer.

Tras varias horas escuchó un ruido, un árbol se caía y ella se levantó. Vio los matojos moverse rápido y grito el auxilio. Nadie contestó y de aquel matorral salio una vaca. Luego vio otra y más allá una pequeña choza de vaquero. La felicidad se marco clara en su cara y sus ojos miraron alrededor. Anduvo hacia la caseta y golpeó la puerta, pero no había nadie. Las vacas seguían estando solas y nadie las cuidaba. No se atrevía a acercarse, y busco algo en aquel lugar. Un abrigo, algo que almorzar, un lugar donde caer rendida. Y vio una gallina degollada. Parecía un ritual sangriento, no la habían matado para comer. Se volvió hacia atrás y con miedo salió corriendo de aquel lugar. Era su padre, que le seguía por el bosque. En sueños le gritaba que ya estaba muerta, y que debió callarse por siempre. Pero al llenarse ella de valor, volvió hacia atrás, y tan sólo percibió a un granjero que con su arma la amenazaba, acechando desde la distancia. Sus pies se quedaron quietos pues no quería correr más. Y cuando lo vio se dio cuenta de que estaba hecho de paja. El sol se estaba poniendo otra vez, ya llegaba la noche. Al darse cuenta de sus esperanzas, cogió la gallina y rompió la puerta del casetón. Entró y allí había una mesa y una cama. Durmió todo lo que pudo pero el hambre le corría por dentro y trato de cocinar aquel emplumado cadáver. Lo puso al fuego y tras un rato lo devoró a mordiscos. Presentía su fin cercano. Eran sus últimas palabras, que escribió en un papel.

"A quien lo pueda encontrar: Me llamo Elizabeth Krich, mi padre me violó, no se que más puedo decir, solo que cuando encuentren esta carta espero le lleven a la cárcel".

Así ya había cenado, se recostó sobre el camastro y se apoyó en la almohada. Nada le decía que siguiera viva, sólo el hambre le advertía de que seguía siendo una persona de carne y hueso. Pero las cosas que había visto y oído decían lo contrario, su fe anunciaba un reencuentro con lo salvaje, y el amor que siempre había tenido por el bosque le ayudó a sobrevivir. Ya no creía en Dios. Sólo que aquel mundo sí era verdaderamente un misterio, y estaba segura de que nadie nunca había podido desvelar todos los secretos de un bosque. Ella comprendió que su vida patética era lo único que le quedaba, y que su futuro no saldría de aquellos montes. Al día siguiente tomo leche de aquella manada de vacas, que sin hacer gran cosa se la ofrecieron sin más. Y, tras beber ese preciado sustento, salió a buscar más alimento al lugar donde vio las luces allá a lo lejos. Se sintió cambiada, más fuerte. Al ver el césped y el río ya no tenía miedo, un fuerza oculta le transformó. Se quitó aquellas ropas que le hacían daño, se revolcó, ya no tenía nada que temer, la leche que había bebido la volvió una ninfa atraída por el olor.

Poco a poco fue llegando por el camino del bosque, era una casa inolvidable. Parecía hecha de porcelana, toda la entrada se veía blanca y bien construida, adornada con flores violetas y rosas rojas. Lo que más le llamó la atención fue, una figura de mármol sobre un bloque de piedra. Tenía la hermosura de un mozo hecho al desnudo, con verdadera forma de varón. Pero a Elizabeth le pareció inadecuado acercarse. Allí las puertas estaban abiertas. Nadie le impidió entrar. Cogió la manivela y abrió la puerta para pasar a su interior. Era un lugar muy luminoso, de aquellos que ya no quedan en el mundo. Era un palacio de reyes europeos o algo parecido a la casa de un burgués. El alcalde de su pequeño mundo la estaría envidiando más que a nada, poder ser la persona que pisara aquellas alfombras de lino, y observar aquellos cuadros de un arte inmejorable. Ella sabía algo de pintura y aquello sí que tenía valor. Pasó por una puerta al jardín y vio otro mármol esculpido. Era la forma de una mujer, también bella y joven, tan linda que parecía una amante perfecta. Nunca había sabido lo que era el amor de otra mujer, y no le hubiera importado. Aquel mundo parecía limpio de mentiras y estaba ya muy cerca de su felicidad. Tras caminar sola por las salas de la mansión vio otra vez algo cautivador. Un lecho, decorado de dulce seda, y preparado para un idilio. Estaba desnuda, y buscó el sueño en aquel colchón suave. Ya nada importaba, nunca había estado tan lejos de casa. Pero ya no llevaba el hogar en sus sueños, ahora lo tenía en el corazón y nadie podía quitárselo. Pronto quedó dentro del lugar deseado, "tal vez sea un sueño", pensó. Y comenzó a dormir profundamente. Soñó que por fin había encontrado una parte de ella, era aquel hermoso caserón blanco, ahora vivía donde siempre deseó junto al hombre que amaba, y sus hijos corrían libres junto a su marido. Se alargó su pensamiento y envejeció junto a aquellas paredes de mármol y aquel bosque y las flores del vestíbulo. El jardín donde tomaban el té era un tranquilo lugar, y su hombre cazaba mariposas con una red. Ella preparaba rosas para plantar y sus niños traían lombrices en una cajita de plástico. Llovían gotas frías y se refugiaban tras los cristales. El bosque era un gran manto de color verde, y pronto cesaba el agua y salía el sol. Allí, junto al estanque, un lindo arco iris mantenía la primavera llena de belleza y salud, y comenzó a oler la muerte.

"Nunca creí en Dios", dijo alguien. "Cuando era pequeño pregunte por su existencia y ellos contestaron que no existía. Mi época es un absurdo caminar por la insensatez del ser humano. Yo no soy sabio, ni mucho menos pastor de hombres, yo soy aquel al que llaman Ilverogón , señor de las bestias, yo te traje aquí. He arrebatado vida tras vida, sueño tras sueño, dolor enfermizo que atraviesa el corazón, y nunca, digo nunca, he encontrado a un inocente. Camino por la calle y sólo veo ratas. Personas y ratas, perros y bestias que comen ratas. Y yo a todos ellos los devoro también. Diocro molos do dues akritakera Hitler, inconino ilo irral.

Aquella tarde la luz oscura proyectaba sombras, sí, parecía el fuego negro y la luz había caído. Ya no sabía donde estaba el sueño, y pregunto "¿Es esto verdad?". "No lo se". Contestó aquel hombre. "Nunca lo sabré, donde vivimos y donde morimos, jamás lo sabré yo, jamás lo sabrás tú".

Ella asustada trató de huir, quería regresar a casa, pero él no la dejó. Tomo sus brazos y sus piernas, ato todo su cuerpo, ya arañado, dolorido por la garra de su mano, que al tocar su piel sintió el arrebato de la vida.

"Has de escuchar mi historia, yo no estoy muerto ni vivo. Soy un dios de las negras y puercas cucarachas. Ya nadie desea mi presencia, has venido al lugar adecuado".

Elizabeth lloraba sin más apetito que volver a su mundo y él violaba todas sus esperanzas. Era un hombre muerto, era un demonio. Las sedas de la alcoba parecían ya la sangre por ella vertida, mientras él se acercaba cada vez más a su boca, para besarle en la inocencia.

"Yo no soy el temor del bosque, soy la luz de tus sueños. Al despertar habrás visto que no soy un salvaje, tan sólo un amante del escondite donde guardas tus secretos."

Y ella murió, y regresó al mundo cautivo, por su propia alma engendrado, donde, los muebles eran blancos, como la pared y la mansión, y allá en el colchón tubo un amor plácido. Su más antiguo pensamiento, su más cautivo secreto. Fue allí donde lo vio, en carne y hueso. Era el mozo de la entrada, tornado por un hechizo en un joven bello y real. Le trajo un placer inmensurable, su primer contacto fueron sus manos en su pies, en su torso. Así rozo su seno con la puntita de la lengua y le metió mano entre las piernas. Frotando por dentro, su cuerpo se dejo penetrar. Aquellos dedos parecían divinos, sus pensamientos eran pecados. La cruz de su cuello le remordió por dentro, colgada en cadena de plata. El macizo chico ya estaba empalmado y ella lo reconoció. Por dentro resurgía de su ser ese padre que tanto odio tenía, aquel que quería torturarla. Aún así se dejo tomar por su pene, y dejo que entrara en su carne. Su pecho se enfureció de lava volcánica, jamás fue seducida de esa forma. Nunca había sido tomada como bestia animal, y al tocar su pecho ardió en gemidos, entregando cada gota de sudor al ser violento que la complacía. Primero le arrancó su pureza, luego vertió el semen en su boca. Dando dulce alimento a su sediento cuerpo domesticado. Ella no sabía qué era aquello, le entró cómo algo muy deseado, pero al tragarlo llevó consigo su total rendición. Y en ese momento, llego la mujer, aquella estatua de mármol del jardín, vestida con hilo fino, tal y como se la representaba. Elizabeth toco su piel para saber si era real, y tras aquel mozo llego la paz por fin, junto a esa chica que le dio todo su deseo. Y al marcharse quedó dormida sabiendo que ya nadie le haría más daño. Entonces vino su padre y le dijo: "El infierno te espera Elizabeth, yo te lo traeré". Ella rió a carcajada limpia y se inundó en sus sueños sabiendo que aquello no llegaría.

"Ya estás muerta", dijo. "Verás el infierno aunque me cueste otro hijo estúpido, sufrirás la cólera de mil naciones y suplicarás que te devuelva a la villa donde naciste para ser mi esclava ¡maldita!"

Puerca inocente, sierva satánica.
Muere preciosa, muere,
es la canción de cuna.

Mi niña nace del sol.
Es la más bella del pueblo.
Los chicos saben donde está.
Y van a donde ella quiere.

Aquella voz cantaba sin descanso, la canción de la tortura. Ella escuchaba su voz agria, y no quería saber más la letra. Su canción era triste y hacía daño, era el mundo del muerto, el que no está vivo, era la razón del salvaje espíritu del la cobardía. Se levantó dispuesta a saber de su cara, aquella voz que sonaba. La buscó por siempre y jamás la encontró, la llevó al poblado donde nació. Y cuando estuvo allí, volvió a ser su padre. La pesadilla había comenzado, y quiso saber como podía matarle. Pero él corrió para salvarse, era un hombre cobarde. Luego despertó del profundo sueño, había sido una pesadilla. Allí estaba la chica de sus sueños, corrió tras ella. La vio entrar en un laberinto que no se atrevió a seguir. Miró en otra dirección, siguió la luz de la luna. "Te estás transformando" Dijo alguien, pero no vio a nadie. El suelo era fresco y veía gotas caer. No estaba lloviendo, eran lágrimas de su madre. Pero el mozo corría también por el jardín, y esa chica jugaba con él. "¿Quienes son?" preguntó a su padre. Y le dijo: "Son aquellos que tú has traído, son la pura realidad. Si existe el destino, son tu destino. Si existe de verdad el camino recto, son lo que Dios eligió para ti.

CAPITULO 3º
EL REGRESO A CASA

Las noticias del frente eran cada vez más difíciles de soportar, Hitler parecía estar vencido, aunque la guerra con Japón todavía daba qué pensar. Los ataques eran constantes y las vidas fueron muchas las que se perdieron. El holocausto final fue enorme, pocos regresaron, y aquellos que quedaban en pie ayudaron a los heridos a volver a sus casas.

Un soldado llegó con todo su cuerpo magullado, tenía una carta para alguien, Roberto había sido herido y estaba en el hospital a la espera del alta. Ese hombre moriría pronto, hablaron juntos, le dijo algo sobre su esposa. Se hicieron amigos.

"Toma esto, es una carta a mi esposa, la quiero mucho, dásela."

Yo también amo a alguien dijo él.
Eso me alegra, es bonito. –

"Cuando éramos pequeños la vi un día, era la primera excursión que hacíamos fuera de aquellas aulas. Tenía el pelo moreno. Yo ya era mayorcito, y sentía aquellas cosas. El caso es que éramos niños y vivimos aquella primera vez de una manera muy bonita, tanto que al momento quedé prendado de su belleza y de amor puro y verdadero. Cuando me quise dar cuenta el grupo de chavales ya no estaba y andaba yo sólo por el monte. Ellos pescaban más arriba pero yo me entretuve. La verdad es que vi un ciervo con una cornamenta enorme, corriendo a lo lejos. Me detuve, le seguí, llamé a todo el mundo a gritos, ¡un ciervo, un ciervo!, y nadie me escuchó. Me di la vuelta y allí estaba ella. No parecía saber nada de donde estaban los otros, y comenzamos a andar hasta subir la ladera y pasar la cumbre y llegar al río. Aquel animal despareció, y conversamos sobre mil cosas. Era un misterio su forma de hablar, y me habló de un juramento. Me dijo que las chicas de su clase habían jurado algo ante Dios, y yo pregunté, "¿qué es?". Ella miraba hacia los lados y al cielo. Me soltó la mejor sonrisa y dijo "te quiero".

Encontramos a todos los demás en el camino que llevaba de vuelta. Nos separamos y nos volvimos a unir, llegaron todas aquellas noches que yo me escapaba hasta su ventana. Luego fui enviado a una escuela militar, pues una monja se lo contó todo al cura. Así vine a la guerra, y ahora que estoy de vuelta, solo quiero verla de nuevo. Estará esperándome en el pueblo, donde la recogeré y viajaremos por todo el mundo ella y yo."

Pero los días se hacían largos, y la espera era tremenda. El psiquiatra del hospital le visitaba.

"Hace tiempo que no veo a mi familia, no se de ellos. Me dijeron que me escribirían y no lo han hecho. Allí en el frente todo es distinto, no hay tiempo para el dolor, no hay tiempo para el miedo. Yo soy soldado, ya sabe, preparado para cualquier cosa, ya nada se de humanidad. Perdí mi niñez allí, en el frente, ahora soy un hombre que ha crecido rápido. No tengo tiempo para ver las cosas como antes de ir, con ilusión por la vida y las ganas de seguir. Cuando me alistaron nunca pensé que sucedería una guerra. Pero ahora se que de la vida puedes esperar cualquier cosa. Siempre tendremos enemigos y habrá que vencerlos. Hombres sangrientos que son malvados, que no creen en Dios. He encontrado a Jesús. El me habla, me dice cosas que nunca escuché de nadie. Es verdadero amor. Por El he sido más fuerte y he logrado sobrevivir, disparé a muchas personas, hombres y mujeres. Pero no se qué será de mi."

Al llegar de nuevo a la madre patria, a algunos soldados les dieron medallas y él fue condecorado varias veces. Buscó a la mujer de aquel soldado que murió en al hospital y le entregó la carta. No era un lugar cualquiera, había que llegar en coche, por la carretera. Era un camino difícil, pero allí llegó de la manera que pudo y vio el poblado. Sabía que varias millas más al norte estaba su casa, y que aquella era una reserva de indios. Alguien tomó su mano y le llevó al lugar donde esa mujer se encontraba, la pudo ver en una casa un poco separada de las demás. Le entregó aquel papel y ella lloraba desconsoladamente. Entonces comenzó a hablar y de su sabiduría se desprendieron las palabras.

"El secreto de la existencia, el porqué de todo, no es tan complicado. Existe en la lengua humana la palabra Kritón, cuyo significado es placer. Mulanakry es el universo de la hembra, y Munakry el del macho. El sentido de la existencia es su unión, la permanencia de la vida. Se puede decir que todo se comprende teniendo en cuenta que el secreto del amor, es el deseo en si de que continúe existiendo lo vivo a través del recorrido del esperma, desde el lugar donde nace al mundo donde crece por fin su última casa. En la que vivirá movido en su existencia por el sentido natural de la vida: El intento constante de nacer una y otra vez por el lugar donde se colman las esperanzas de seres diminutos, que solo ven un camino lleno de "todo" puesto que ven "Nada". Y aunque el sentido de la vida sea el destino de un kristo, el juego continúa de manera que tú eliges qué clase de motor conduce a tu vida personal, pero jamás olvides que un ser vivo capaz de comprender el contenido de la existencia, nunca permitirá que esta perezca. Así todo es nada y nada es todo.

Desde el principio de los siglos se ha tratado de explicar el mundo de mil maneras, pero lo que no sabíamos antes es que una de las cosas, aunque no muy importante, es que la realidad que vives es la realidad que quieres. Según como desenvuelvas tu lengua, verás las cosas desde un cristal u otro. Así todos los mitos que han querido dar una explicación al mundo lo han hecho igual de eficientemente desde su punto de vista, pero jamás se ha dado explicación al cosmos desde el punto de vista natural y humano. Todos deseamos que una serpiente le diera la manzana a Eva, pero a nadie se le ha ocurrido pensar que no era una culebra.

Es el mito que explica como en el Edén, la culebra ó serpiente, le dio la manzana a Eva, y esta se lo dio a Adán, y que tras aquello hemos tardado milenios en entender aquello que nos explica directamente el lenguaje en su forma bruta. Kulebra es el nombre natural de ADN, y así debimos entenderlo desde el principio, me pregunto si nos echaron del paraíso por saberlo o por olvidarlo e ignorarlo. Todo está en tu libertad para entenderlo a tu modo."

Y así, comenzó un canto que sorprendió a Roberto. Jamás escuchó aquel lenguaje tan vivo y le hizo soñar con el pasado, trayéndole el fuego de la libertad y aprendiendo, su propio conocimiento de nuevo.

Lement arri akry ekra kacha da chakra.
Kapístolos arri kosacheko.
Cheko de che ipistolado,
malunado or da uri.

Eklementa karrakachikra,
Koko lementa akiridikra.

Mololunes digodo empremente,
marionato kostelo lo.

Eperremininoñón,
purreka kiki ikis derga du.
Pioreno mookro orgas du.

Ergo ili ikas kira akrati da,
molas malunes i diax da.

Viajó como el fuego en un avión de madera. Y llegó a sus corazones, allí, en el pueblo, le esperaba un sucio destino, algo cruel y mezquino que no se atrevía a ver bien. Por eso fue purificado y esa mujer se despidió de él y le dijo que pronto se verían de nuevo en el mundo donde descansan las almas, y que sus sueños serían ciertos entonces. El corrió, como nunca había corrido antes. Dejó aquel viejo coche y tomó el tren. Al llegar a su casa le esperaba su padre, su madre, sus hermanos, y una chica que no conocía de nada. Era su futura esposa y debía complacer a todos.

CAPÍTULO 4º
EL EXPLORADOR DE LAS MIL LENGUAS

"Lo que te voy a contar es muy importante. Hace tiempo existió alguien como tú, pero este alguien vivió hace tiempo en otra parte.

Era un paraíso para la vista, y para los sentidos. El mar estaba en calma, y la arena era de suave textura, más fina que la de un desierto. En sus dunas encontrabas conchas enormes con las que podías escuchar el mar. Allí volaban por la playa las gaviotas, cazando peces, y se bañaban en aquel mar. Había pocas personas, tan sólo unas cien casas por cada tres kilómetros cuadrados, y eso son pocas casas. Había un bar, no se si eran dos. El desierto era abundante también y el agua no era potable. El escorpión era el animal más abundante, junto a las moscas y mosquitos, y este niño tenía tu edad y un don desconocido. Él lo llamaba Piu.

Ese don le hacía más sabio, mas listo, le hacía ser el niño más mayor de todos los de su edad y le daba una felicidad plena. Entonces cuando sus padres un día llegaron a casa, le encontraron hablando con Piu, y pensaron que estaba jugando. Pero paso el tiempo y él no dejaba de hablar con Piu, pues le decía cosas interesantes y le permitía saber más. Pero el tiempo se lo fue llevando y ya crecido sus padres le volvieron a ver hablar con Piu. No lo comprendieron y le dijeron que no lo hiciera, aquello no estaba bien. Entonces él les dijo que era su amigo, y ellos se sorprendieron. "Son moscas", le dijeron. A partir de aquel momento le prohibieron hablar con Piu y solo podía tratarlas como moscas. Creció y se hizo grande y se olvidó de aquel insecto. Teniendo una vida muy normal y aburrida y un poco catastrófica. Por suerte al hacerse aún más mayor encontró una chica, ella se enamoró y fueron juntos a todas partes. Un día la sorprendió hablando con las moscas, y le preguntó qué hacía. Ella le contestó que estaba hablando con Piu y él dijo que era una tontería. Había olvidado su verdad, y recordó: que las personas que son elegidas por algo, están a merced de las que no saben para que son elegidas, y que el mundo está llevado a perder en el olvido la propia naturaleza que tiene, el alma que posee no será escuchada jamás, hasta que no dejemos de dar por hecho todo lo que damos por hecho."

Cuando un hombre no sabe bien conocer su ser interno, poco sabrá del mundo externo. Nada nunca es para siempre, la vida jamás dejará de existir."

Nimoniñón yacía junto a su hijo, contándole historias de tiempos pasados y más desconocidos. Era una mañana cualquiera y se acababan de despertar.

"En aquellos albores de la historia, existieron templos a todos los dioses posibles de adorar. Ellos decían que eran espíritus, soles, lunas, amores y dioses de lo oculto. Todos llevamos un dios en el interior, lo malo es que hay gente que piensa que sus actos no son suyos, que sus pecados los cometen otros, llevados por cosas que no controlan. En la hermosa Pequeña Villa, también había un monstruo. Hace siglos que el hombre habla la lengua humana, siempre ha existido y aquellos que le dan la vuelta a los símbolos y a las palabras son un monstruo que campea libres por el mundo. Si existe un "nomuerto", eso significa tan sólo una cosa, que en algún lugar del mundo existe también un "novivo". Así se explican las verdades de este mundo. Si tú quieres hablar a un hombre, dile lo que piensas sin más, si quieres invocar a un dios piensa lo que dices. Es importante que veas lo que te voy a contar. Cuando yo era joven mis padres me enseñaron las lenguas de lo divino, empezando por la lengua de Piu. Luego aprendí el mushacro que era la lengua de los tiburones. Y tarde o temprano vino la del meícraco, de los perros. Al ser mayor comprendí lo que ahora te voy a mostrar. Todos venimos del mismo amor, el mismismo Dios del mundo. En un origen fue Dios que lo creo, pero no dio piernas al ser humano, ¡no!, sino que dio vida a un universo cuyo principio fue el agua. De esta agua, "musuela", dio vida al Anaconte.

El anaconte, preso de todas las maneras, era esclavo de los seres humanos. Lo destrozaban y lo trituraban haciendo de él su pesadilla. Los animales eran cautos y veloces, que lo fecundaban de mil hermosas maneras. Ellos le daban vida y cuerpo, y lo trataban como a un dios verdadero. Pueblos enteros, han albergado el símbolo que Ikrá les dio, el nombre del individuo. Pero otras naciones jamás fueron deseadas para tal efecto. Algunos dicen que el poder de un anaconte es sagrado, y que en sus libros está marcado como Dios. En la iglesia occidental es el mismísimo demonio. El anaconte se planta y se utiliza para infinidad de cosas. Los hombres que lo destruyen irán de vuela al mundo de los... cataclismos. Solo aquellos que le dan vida regresarán a lo que llaman Edén. En cada cultura existe un dios diferente, cada lenguaje dice Dios de un modo diferente. Pero para saber todos esos nombres basta con conocer uno: Ikrá. Escribe cualquier cosa sobre Ikrá, y tendrás en tu conocimiento todas las religiones del mundo. Así podrás conocer todas las lenguas si escribes algo sobre la palabra Pi. Y te diré que si quieres hablar con la vegetación ten mucho cuidado con lo que pides y cómo lo pides, pues antes de empezar ya has terminado, y si no lo haces bien serás castigado. Ya llegan los amigos de tu padre. Vamos dirección a un pueblo del que quiero saber más".

Aquel niño vio a su padre partir y se quedó solo, miraba por la ventana su coche y sus maletas, no lo volvió a ver más. Cogió un cuaderno y escribió la palabra Ikrá. Y descubrió que eran millones de partículas diminutas y su energía. Vio como esas partículas estaban en todas partes, entraban en nosotros y nos hacían más fuertes. Eran lo que daba fuerza a la vida, y en ella nosotros vivíamos, en ella respirábamos Ikrá. Pi es el centro mental de todas las cosas, Pi es un número que vele lo mismo que un número entero, pero que en su secreto está el origen del mundo. Y escribió un libro que llamó "El Explorador de las Mil Lenguas". El nombre de aquel niño era Cheervogón.

CAPITULO 5º
LA MUJER DE NOSFERATU

Paz, era lo que pedía todo el mundo, un final para todas las guerras. Pronto Ilverogón comprendió que no estaba solo, en aquel pueblucho la ola pacifista jamás había entrado. Vivían cómodamente, y, lejos de allí, un mundo se destruía, era la amenaza comunista. Aquellos hombres eran distintos. Habían venido de lejos para destruirle a él, y sabía que pronto serían ellos los que llegaran por el camino de la oscuridad. Era uno de ellos, lo sentía por su olor. Hijo de un hombre que conoció hace dos décadas y media. En un lugar que no quería recordar. Allí fue preso, durante mucho tiempo. Casi más de cinco siglos. Arturo era un arqueólogo muy joven. Venía con ganas de saber muchas cosas, de encontrar verdades ocultas en las paredes de su tumba. Y exploraron el lugar para dar conocimientos al mundo. Abrieron las puertas de la cripta, y allí estaba Marcus el invencible. Pues ahora se enfrentaba a su hijo, que traía nuevos saberes sobre la ciencia del mundo. Ya no era un chaval, tenía descendencia. Y controlaba poderes que Ilverogón, el más conocido como Marcus, no entendía bien.

"Vives en el pasado Marcus." Le dijo al verse. "Tú no eres culpable de nada, alguien te hechizó. Otra persona que te engañó, si existe un hombre nomuerto es porque alguien ha cometido un delito grande contra la natura. Mi padre murió allí, en tu cripta repugnante, no queremos darte muerte, sólo queremos el nombre del que te hizo la traición."

Pero no era la hora, en que Marcus perdonara al mundo. Seguía queriendo la sangre y con engaños los destruyó. Allí en su lecho de muerte también había alguien, la cripta era inmensa, ella estaba atada a las cadenas. Lo supo porque intentó salir de allí. Al primer paso comprendió que no tenía escapatoria. Su cadena de acero estaba bien sujeta a un muro de granito. El suelo era espeso de musgo, no había velas. Sus ojos más brillantes que nunca percibían las formas de aquellas paredes, y podían observar a las moscas. Los ratones recorrían las salas de aquella ultratumba y le daban la bienvenida al mundo de los muertos. Lo que menos importaba era ya la imagen que pudiera dar al mundo. Tania el rostro sucio y los pechos al descubierto, al igual que los pies y su cuerpo entero. Fue mirando los arañazos que tenía, las marcas en la piel. Los cardenales en sus rodillas y dos dolorosos agujeros sangrientos en la punta de los pezones. Sus nuevas presas agonizaban junto a aquella mujer, ya no les quedaba vida y no podían hablar. Habían traído un intento para cambiar el mundo, pero se agotaban sus esperanzas. Mientras sus cuerpos se quedaban si vida, aquella muchacha parecía decir algo.

"Ya se como me llamo, soy Tsiaijosía, la reina de las almenas, que busca enriquecerse. Soy la hija de un banquero, que un día quiso mi amor. El poseía ya a mi madre pero no dudo en poseerme a mí también. El era el dinero, yo lo amaba por eso. El era el padre querido, que tanta ventaja llevaba sobre mí. Corrían los años del televisor, aquellos dibujos a papel y, las fotos de chicas en los cuarteles de la legión. Eran días de gran luto, por aquella nación destruida. Por aquel ser endemoniado, que trajo al mundo la locura más tormentosa. Pues el es el rey de tus sueños, de mis pesadillas, yo quiero verlo de nuevo, vivir su ultimo aliento, y ser nadie, como nadie. "El nunca nacido", el padre del dolor. Así es como te llamaré. Nunca vi semejante ejemplo de bien contenido cerebro. Crear el mal para nacer de nuevo, en cada época, en cada siglo. La menstruación es un signo normal, yo no alimenté tus ganas, eran sólo fruto de tu despojo, del amor y la lujuria que nunca tuviste con mi madre. Ahora se que vives allí, en el hogar con Dios. Ese aparato que trae el calor a las viviendas y el sueño al los ancianos. Que nunca dice quienes somos realmente, ni quienes son ellos de verdad. Estoy libre, soy un pájaro en estas cadenas de hierro forjadas aquí. Tan apresada estoy que puedo ver el limite de tu deseo. El calmado orgasmo que haces en el dormitorio, veo tu ultimo pensamiento y no te va a gustar."

Entonces las cadenas se abrieron soltándola a ella. Y cuando miró hacia un lado vio a esos hombres fallecer. Elizabeth se acercó y dijo:

"Tu eres Nimiñogón, el hombre de la esperanza, el que trae justicia a los pueblos, el amante de una mujer que jamás será suya. Eres el dios de las moscas, que vives por el amor a las bestias, y a los hombres que traen buenos corazones. Llevo mucho tiempo dormida, no sabía que fueras tan mayor. No he vivido estos últimos vente y cinco años, y estoy desposeída. Recuerdo cuando me abandonaron sin más, tras violarme y llamarme bruja. Ya no se como roza la verdad en el mundo, ni donde estamos escondidos ahora. Se que vivimos en las cloacas de un vampiro que no nos dejará marchar. Sabemos la verdad sobre los que son enterrados aquí, siempre se les da el último suspiro. Creo que moriremos apresados, ya lo he sentido en el aire. Estos laberintos no tienen salida, iremos por donde se sienta el calor."

Ellos caminaron por las cavidades oscuras hasta encontrar un lugar claro, donde entraba luz solar. Salieron de allí, por un agujero que había entre esos muros de piedra. Y corrieron al bosque. Y llegaron a un lugar secreto.

"Yo ya he estado antes aquí", Dijo ella. "Había una cabaña y vacas, todo fue horrible. Mi padre me perseguía y yo huía de él. Era como una locura, yo no quería morir. Llevaba dos días caminando, él me seguía de cerca. Luego vino el vampiro y el sueño de la mujer aquella. Más tarde desperté en la misma guarida de Satanás, había un hombre allí. Yo me acerqué y ocurrió algo sorprendente. Luego no recuerdo nada."

El bosque era muy espeso y casi no veías donde ponías los pies. Allí había un río y siguieron su cauce. La dificultad de andar se notaba en cada movimiento y casi podías resbalar y caer al agua. Pero llegaron a un precipicio y ese río bajaba veloz por la montaña. Saltaron sin más llegando por la corriente a un lugar más calmado. Ambos dos eran ágiles y fuertes, allí se acercaron nadando a la orilla, donde descansaron y soltaron de sus estómagos los líquidos que habían tragado. El camino había sido duro, un mortal no lo habría conseguido, ellos dos eran distintos, podían hablar con las bestias. Ella seguía desnuda, tan solo le arropaba la chaqueta de Nimiñogón, que le había prestado. Comenzó a llorar y a maldecid al mundo. "Me llamo Tsiaijosía", dijo por fin.

"Nací en un pueblo de esta región, mi madre fue monja, pero abandonó los hábitos. Me crié en un colegio interno donde no había hombres. Al salir de allí comenzó mi vida, que pronto empezó a torcerse por el mal camino. Mi padre era banquero, muy legal, a no ser conmigo, que me hizo perder el sentido. El me amaba, mas que a nadie, y un día me lo demostró. Me arrancó el vestido y me hizo perder mi razón. Lo que ocurrió después no tiene nombre. Me trajo a este bosque y se olvidó de que yo existía. Cuando vi a un hombre como tu supe que podía confiar en él. Eres sabio, yo he perdido mi sabiduría, desde el día en que me vine a parar a este lugar. Este monte es espeso, no tiene salida. Las montañas son monstruosas y los lobos salvajes. Nunca alcanzaremos la carretera, ni siquiera hay carretera, es un camino de piedras. Con algo de mi sangre curaré tus heridas."

Vieron muchos soles y muchas lunas, viajaron millas y llegaron a las altas nieves. Al no ver más salida hicieron una choza, con pinos y arbustos, y su sangre seguía envenenada. Aquel virus les hacía ver la luz donde no podía notarse nada, y escuchar los sonidos más invisibles del mundo. Tenían sed de vida, salida de los hombres, querían encontrar presas que les saciaran. No habían visto el mundo de otra forma, y no sabían encontrar su lugar. Y vieron pasar las nieves y ya no podían acercarse a la luz del sol. Pronto comenzaron a encontrar gente a su paso, perdidos en aquella montaña. Y en ella encontraban el lugar, donde veían la muerte llegar. Juntos hicieron hechizos, llamando a los desprotegidos, que entraban en su territorio, y les daban el azote final, después de aprender de sus mentes todos sus conocimientos. Ellos no adoraban a dios ninguno, ni al demonio ni al mismo Satanás. Solo querían la sangre, estaban perdiendo su humanidad con cada sorbo. Pero esa noche al despertar de su caja, Tsiajosía no vio a Nimiñogón. Había salido a la luz del sol y había muerto calcinado. Solo su cuerpo ya no estaba, en su lugar cenizas al viento que se iban extinguiendo con cada ráfaga. Ella camino por siempre desprotegida, hasta encontrar algo de su mundo en aquel endemoniado lugar. Era el nosferatu, aquel que le dio la muerte sin vida, el que le llevó al camino de las sombras.

Despertó en un oscuro pasillo, el mismo olor que cuando estuvo cautiva. Allí había alguien, era Roberto. Ya eran mayores, ya eran dueños de si mismos. Juntos querían amarse en aquel palacio en la profundidad del miedo. "Llevo un kristo conmigo". Dijo él. Entonces ella pidió que se lo entregara y comenzaron a follarse. Dándose el mismo beso que la primera vez, y el kristo salió de sus testículos para entrar sin más razón en ella, entrando en el óvulo de la madre y recordando que era hembra, lo dio vida eterna. Roberto la miraba, era preciosa.

"Nunca te olvidé, jamás." Dijo. "Siempre te llevaba conmigo, y si estoy vivo es gracias a aquel amor que me confesaste de niños. Siempre quise regresar pero ya he vuelto. Serás mi esposa y seremos felices. Pronto engendrarás el hijo que te he dado. Llamas temor a la cruz divina, pues es el símbolo del miedo. No tengas más terror, se que te han hecho daño. Yo he visto a tu padre hablar en la iglesia, y dijo que estabas encerrada en un centro de perturbados mentales. Ellos son el mal, creen que Dios les ha señalado. No saben amar al mundo de la forma que amamos nosotros. He visto lo que no hay que ver, muertes sin miedo, en medio de un campo sagrado. Yacían en el suelo, eran muchos hombres y mujeres. Todos ellos destrozados, esqueléticos, divorciados de la vida. Niños y niñas y la cruz, el miedo. Todos fallecidos. He matado a hombres que no quería matar, y a mujeres que tampoco he podido... He pecado pero ya se la verdad. Todo eso que dice el cura, las monjas, lo que nos hicieron aprender. Es falso, no es cierto. Ellos son el enemigo del mundo real. Ya no se que pensar, sólo se que quiero ser tu amante para siempre, y sacarte de esta cárcel. Voy a recuperar tu alma, la has perdido en el camino, ya te dije que llevo a Cristo conmigo, y que vamos a vencer al demonio juntos."

Así ella lo comprendió y tomo de su cuello la sangre para vencer el miedo a ese lugar. Roberto yació en el suelo sin vida y ya no tenía espíritu. Envenenada por aquel sentimiento pensó que no era culpable, su boca ensangrentada disfrutaba el verdadero sorbo de la vida, mientras el pecado hacia mella en su interior. Recordó las sagradas escrituras, la luz divina. Pensó que si no era libre, tampoco era culpable. Pero Dios no perdona y tras aquel prodigioso beso se sintió condenada a vagar sin rumbo, matando y despojando la vida de otros. Y salió de la caverna del infierno, y con un manto de lana blanca anduvo hasta la casa de sus padres, caminando por senderos del bosque, trotando como un caballo veloz. Montada a lomos del viento, como una criatura alada, seguida por fieras de la noche, que querían beber la sangre sobrante y la carne despreciada. Eran lobos cazadores que sabían donde estaba su alimento y conocían la mente de la hembra tenebrosa.

Llegó por el lago, junto al manicomio. Allí se abrían las puertas del cielo, entrando en el poblado que vio crecer su temprana juventud. Y ella se escondió en una calleja sin salida, y los animales fueron a las granjas. Aquella noche vería morir a su progenitor, a su madre y a todos aquellos que un día fueron sus hermanos en el templo del Señor. Subió por los tejados y arribó a la cruz sagrada. Destronó su reino y quemó al cura junto a su iglesia. Violó el agua bendita con su sangre y lo mando al infierno. Tras las llamas el humo llegaba a todos los hogares. Los lobos capturaban a las presas humanas, y las mujeres corrían junto a los niños hacia el escondite más certero. No escaparon de aquel negro sufrir, tan sólo judas sería perdonado. Ella arrancó sus almas y las separó de sus cuerpos, saliendo por la boca. Y fue matando uno a uno hasta llegar al fin a su cómoda casita de muñecas. Su padre dormía junto a su madre, a quien arrebato el aliento de un golpe. Luego lo cogió del cuello, asustado y lo llevó al bosque. Las bestias lo arrodillaron en el suelo y le hicieron pedir perdón. Ellas seguían la voz de su hija, que miraba placidamente a su padre. El miedo inundó su boca de palabras de amistad, y quería ser liberado. Apeló a su bondad, le pregunto por su corazón. Pero ella se desprendió de la sábana de lana y retozó su cuerpo junto al árbol donde el posaba sus pies. Lo cogió por los hombros y quiso bailar con él. Le beso en la cara, siempre había sido un hombre fuerte y atlético, y le deseaba de verdad. Lo tomó por la cabeza y le quitó el sentido, al despertar vio la peor de las muertes.

CAPITULO 6º:
LA ANTIGUA HISTORIA DEL VAMPIRO

En un principio era increíble, el mismo Satanás había regresado de las profundidades. Tomaron el camino hacía las cloacas, buscaban algo que les pudiera dar respuestas. Solo sabían que allí debía de haber muertos. Sin sombra ni luz. Atrapados en las catacumbas de aquel palacio sin rey. Habían llegado a la ciudad, los coches circulaban por la izquierda y todo parecía florecer. Ellos trabajaban en el museo, buscando antiguos tesoros hundidos. Transformados por los siglos, enterrados en el suelo. Antiguamente aquella ciudad la gobernaba un monarca. Era un enviado del Papa, que fue clérigo y trajo consigo aquella labrada palabra divina. Los consejos de un elegido, llevado por la senda, por las escrituras que nadie era capaz de olvidar. Gobernando lo que antes, cinco siglos atrás, había sido un poblado de pastores. Guillermino llegó de pronto, con aquel sabio rey. Dijo a todos que pronto serían hijos de El Verdadero. Llevaba consigo una manta que le protegía del viento. Todos fueron absueltos de sus pecados, ellos no sabían la palabra de Jesús. "¡Cruces para los analfabetos!", Dijo en voz alta. El sabio Aguaogón dijo que él mismo sería quien, con maña, abriría las puertas del templo. Ese lugar era su más antiguo santuario, y nadie que se preciara de vivir en la población habría osado tocar el primer peldaño. Ellos llevaban sin llamar a sus dioses mucho tiempo. Eran hijos de Kritón, dios desprovisto de abrigos, que se descuelga en el frío suelo tapado solo con la piel. Ese amor era invencible, y cristiano a la vez. Decían de ellos que adoraban a lucifer, poniendo sus votos al servicio de un demonio. Que les costaba caro invocar, pues sus tumbas no estaban bendecidas. No imaginaba qué clase de rituales eran llevados a término en la tierra de Dios, pero los más ancianos del lugar miraban con rostro de odio al ver tal figura en la puerta de la iglesia. Allí observaban a sus curas, que se realizaban en contra del deseo. Pronto tocaron a las puertas del difunto monje, que murió en extrañas pasiones en un idilio con una de aquellas aldeanas. Querían prender su cuerpo, y llevándolo al bosque quemar allí su figura de traidor. Cerrando aquel templo Marcus el guerrero cuidó de la puerta y de su sagrado interior. La noche caía, todos veían al pueblo sumergirse en la melancolía y la lágrima que flotaba en el mal eterno. Llorando al hombre que muerto fue y despojado de su tumba lo volvieron a inmolar. Ya nadie era lo suficientemente veloz como para traer el beso de afrodita a su monasterio, y liberar, si puede, todo lo que contenía en placer y conocimientos aquella iglesia cristiana en medio del bosque de Kritón. Nadie vio lo que allí dentro se escondía, y pronto aquellos que habían percibido la invocación de Dios, se dieron cuenta de que su verdad estaba perdida por los siglos de los siglos. Allí habían encontrado a Kritón, dueño de tantas noches de armonía, dando pasto a los hombres, que se saciaban del beso. Ellos amaban lo rico y lo pobre, dando un lugar al alma, rescatando un mundo tras otro, dando cuerpo a la llama de Munakry.

"Silva pastor, el rebaño te aclama". Los hombres del Papa cavaron un agujero, y colocaron el cuerpo de Jesús en él. Viéndolo derecho, clavado en la cruz, protegido por sus dioses. Ellos miraban absortos y preguntaban si ese era su dios. Se dieron cuenta de lo que allí sucedía, y supieron callar por siempre. "¡Silva pastor!", dijo un soldado. Y uno de ellos empezó a vibrar sus labios cual cotorra en el monte. Hicieron casas para los enviados de la luz, e impusieron las leyes del demonio. "Ellos saben la verdad y no la cuentan". Vieron crecer más establos y lugares donde marcar la verdad traída del más allá. La vida cobró tristeza, y fue llevada por la senda de lo imposible, ya nadie sabía que sería de su rebaño, y comenzaron limpiando la astuta brujería de aquel lugar encantado. Los varones recios fueron usados como portadores de pesadas cargas, leñadores, carpinteros, y esclavos. Ellos fueron quienes construyeron sus moradas, dando paso al enemigo dentro de sus casas. Las mujeres hacían mil labores, y conocían mil más. Pronto vieron de cerca la iluminada estancia del nuevo monarca, traído de tierras lejanas, que hablaba sobre leyes injustas. Allí vieron al pastor, venir de lejos, trayendo consigo la lana que abrigaría los cuerpos de sus monjes, que andaban corriendo de un lugar a otro, filosofando sobre la vida, y apagando sus discursos que antaño fueron la garra del dios Kritón. Ellos no sabían, no veían, lo entendían pero no querían saber que el secreto del dios Munakry fuera más allá de esas fronteras. Pero cuando todo se apagaba en la noche había algo que no podían sostener. Una viga que sujetaba todo lo demás, y que nunca habían derribado. Pues era indestructible, como dar golpes al viento. Las mujeres y los hombres, el cuerpo de un varón, y la belleza de la fémina en su sabiduría. No había lugar en el mundo para apaciguar los deseos de tantos soldados, ni tanta guerra. Eran colmados de placer e invocados como sus leyes. "Allí yace nuestra verdad, donde tu no puedes entrar". Todos corrían en silencio, hacia las casa de dichas mujeres. Algunos eran vistos en la noche, vigilados sin temor, pues nadie les iba a castigar por ello. Iban tan tenaces a sus hogares y dentro respiraban de sus besos, amores y tentaciones. Todos querían más. Y al amanecer corría otro día donde nunca veían la libertad hasta la caída del sol. Y fue esa razón natural que impidió que su nuevo monarca no pudiera ni quisiera matar aquellos campestres amigos del placer, acusados de paganas costumbres y demoníacas cualidades. Sólo ellos sabían tranquilizar a sus hombres.

Egesménico levanto con su ordenanza la ciudad, y los escombros lo taparon todo. Mujeres, hombres, y bestias, fueron llevadas al camino de Jesucristo. El Museo estaba en vías de abrirse al público, y necesitaban más pruebas de que existiera aquella cultura en la historia de su comunidad. Los arqueólogos entraron por la gruta, eran las catacumbas del rey. Vieron cosas sorprendentes, pero jamás llegaron a saber la verdad. Allí, en medio del nido de ratas, había una puerta que no lograron abrir de inmediato. Habían clasificado el lugar como dificultoso y terriblemente importante. Ya traían los materiales, ahora la puerta sería destruida. Al bombazo sonó un golpe y un grito. Y de la tumba salió un hombre hambriento. Tomaron fotos, quisieron atraparle. Pero era más fuerte que diez, y los mató a todos.

Era evidente que habían muerto. Rosa no pudo evitarlo, tras aquello se sintió responsable y contó su historia. Ella había sido la creadora del mito de Kritón, el dios del placer. Por eso iba a ser la primera en el mundo en desvelar el misterio de Marcus en el museo. Habían sido destruidos por los explosivos, ella les pidió que lo hicieran, sin esperar algo así. Les dijo que les pagaría muy bien, que pronto serían ricos. Entre ellos estaba un explorador llamado Arturo. Le había sorprendido la historia y estaba entusiasmado. Tanto amor en una cultura antigua, era de leyenda. Pensaba escribir un diario sobre todo lo que acontecía pues aquello iba a ser prodigioso. Nunca había oído hablar de Munakry, ni de kristo de aquella manera tan especial. Solo deseaba encontrar más manuscritos y más versos y rituales hechos por aquellas almas tan vivas. El creía que era cierto, pues según tenía entendido, en las antiguas lenguas del mundo, akry significaba "espermatozoide", pero quedan pocas pruebas de ello. En la iglesia de la que ella hablaba Egesménico debió de robar todo, o lo quemó. Lo que es seguro es que aquellos dones eran muy sagrados y podían transmutar en otros cuerpos, a gente que conociera el secreto mejor guardado de la historia. Lo primero que encontró Rosa fue una carta del caballero Marcus. Esa carta le llevó a la tumba de Egesménico, y a la de todos sus sirvientes. Pero nunca encontró restos de aquella cultura que vivó siglos atrás, aunque ella pensaba que lo encontraría. Sabía que para ellos nunca existió Cristo. No habían oído hablar de él. Estaban muy avanzados en cuestiones de genética y sabía como funcionaba el aparato reproductor humano, llegando a encontrarse con toda clase de artimañas para controlar el nacimiento de nuevos miembros del grupo. Ella creía que conocían el ADN, y que su dios no era más que el propio devenir de la vida, en el nacimiento de la hembra. Llamaban a la vida "blé", y dentro de su conocimiento estaba el dios Munakry, que era un ser viviente dentro de otro. Pensaban que ese dios eran los testículos que tenían conciencia propia, y que traían al mundo a los elegidos por una conciencia superior. Un dios menor era kristo, que nacía dentro de Munakry. Cuando Kritón lo llamaba, atravesaba todo el pene hasta el óvulo y siempre lo lograba fecundar. Solo kristo era capaz de conseguirlo, y sólo había nacimiento cuando venía él. El Esperma era un dios diferente al resto, tenían su propia existencia, muerte, y alma. Al saber sobre la serpiente y la manzana comprendieron en seguida, se dieron cuenta de que los cristianos lo supieron desde el principio y lo usaban como poder. Rosa y Arturo jamás supieron la verdad, y se consumió en el olvido el saber de esos pueblos que pronto son enterrados. Su gran ansia era saber cómo supieron ellos que la serpiente representaba el genoma humano. Y la carta de Marcus revelaba el principio de la historia, pero se había borrado el final.

Yo soy Marcus, capitán de legiones, dueño de los amores de las mujeres. Soy sabio, soy fuerte. Traigo del mundo su tiempo, que me ha tocado vivir. Hemos llegado a tierra desconocida. Ellos son distintos. No hablan de lo que las personas suelen hacer, ni miran como todos los demás. Cuando vives en esta tierra Cristo no se presenta claro y conciso. Habla de esperma, nuestros enemigos dicen que la serpiente somos nosotros. Ellos ignoran la verdad, dicen que todo está escrito en mis sexos. Ellas lo saben, parecen ser más sabias que nosotros. Pronto las quemaremos como brujas, y serán enterradas. Aquí dicen y hablan sobre un dios que se llama deseo, aunque ellos dicen que es el placer, tan sólo su forma y su cuerpo ya lo provoca. Kritón, es su más deseado reino. Dicen de su voz que trae la felicidad de todos los demás dioses de la madre Gaia. Anuncian que si invocas tú verdad, sabrás donde pisan tus pies...

Ya se hablar con mis dioses, me enseñaron ellas. No son normales, tratan de serlo, pero no lo son. "Un día no estarás aquí", me dijeron. "llegarás al reino de Kritón y te preguntará cual es el sentido de la vida. Si le hablas del Cristo en la cruz te dirá que vuelvas a nacer, pues no lo has comprendido." Ellas son dóciles pero muy cuerdas. Creo que saben leer y escribir, pero no hay manera de demostrarlo. El rey me envidia, creo que quiere matarme. Pronto vendrán a por mí y esto será lo único que quede de mí. Ya no se donde está la ley que traíamos de nuestro mundo. Ahora todos se han vuelto locos. Este pueblo arderá en el infierno, puede que alguno de ellos se salve. Pero lo que es claro es que no será de los nuestros."

Aquella carta fue enviada lejos, y se guardó en algún lugar. La mujer que la encontró fue la que fundó el lugar dedicado al museo. Tras la muerte de los hombres provocada por la bomba, no quiso saber más del tema, y cerró las puertas para siempre. Marcus no fue tonto, y viajó lejos a Norteamérica. Pero si hubiera sabido la verdad nunca lo habría hecho. El tiempo es veloz, incluso para un inmortal. Pronto cayó enamorado de una mujer tan dulce que jamás había visto el dolor. Vivía allí, en el pueblo más lejano del mundo, donde todo era como cuando su padre lo criaba. En medio de la verdad de Cristo, y eso le trajo recuerdos. Ahora yacía con aquella mujer en la cama, que dormía placidamente sin saber nada. Ella no tenía nada que perder, Elizabeth había elegido ir con él.

CAPITULO 7º
LA IGLESIA DE LOS PÁJAROS

Todo lo "vivo", todo lo muerto, es protegido por una ley. Las cosas de este mundo vienen dadas por el sentido de las fieras, el amor por la natura. Marcus fue creciendo, pero no como un niño, sino como un ser que invoca a las tinieblas y siempre obtiene respuesta. Sus asesinatos eran fruto de su sed inhumana. Era el crío que todo lo destruye, pero sabio por la ley del cosmos. Esas leyes eran innatas, estaban en sus ojos, las sentía liberarse.

"Ya nadie cree en la ciencia. Tan sólo ven morir su moral. Sus almas serán llevadas al sitio donde merecen los culpables. Yo soy Ilverogón, por eso camino por el fuego. Traigo la paz a las ciudades y bebo con los compañeros de mis batallas. Cuando sabes quien eres, la vida no se hace tan cruel. Yo nací de mi madre, y aquello no fue un regalo. Luego traicioné la vida y volví a nacer a las tinieblas. Ahora veo a Dios, ya soy el que soy, yo también comprendo el devenir de la vida. Las seis leyes de la creación. Qué más da Munakry o Mulanakry, ya se sabe la verdad. Las aldeas del pasado tenían mas poder que los hombres de tiempos futuros, los de este presente que estoy viviendo. Yo nací en 1482, plenamente en el mundo del demonio, pero es el anticristo el que venció desde el comienzo, ¿Quién dio la vuelta a la cruz?. Los siervos son siervos, los dioses, dioses, los que creen que no es así serán colgados como bestias. Nunca he visto un lugar como este, tan plagado de ratas. Ellos no las ven pero están en todas partes."

Allí en su cruz realizaban sus ofrendas a Mikrá. Lo comprendían como un ser natural y vivo. Mas parecido a un animal que a un hombre. Comprendieron cual era su verdadera imagen, y prometieron que no lo revelarían a nadie. Era su hijo su mayor tesoro, era un niño nacido a la libertad. Se le mecía en la cuna, sus diente eran dolorosos, pues querían salir. Tenían fuego en la cripta, y quemaban algunas cosas que ya no eran útiles. Jamás castigaban a un ser vivo, tan sólo a aquellos que rozan la crueldad. Pronto se veían acompañados de los pájaros, que traían mensajes lejanos. De hombres y mujeres que cruzaban el lago y el mismo Mikrá les avisaba de lo que acontecía a su alrededor. Allí fueron aprendiendo, y aquel niño conoció la historia de sus padres. Elizabeth quería a Marcus. Era Marcus el que también la amaba. Juntos hacían un poder mayor, eran hijos del ser que los veía también crecer. Ese ser invisible que daba todo a cambio de nada, un dios bondadoso que no pedía el sacrificio. Tan presente estaba que les condujo con su brazo por el mundo real y a ellos que habían perdido la claridad les prometió que serían salvados.

Y pronto vieron llegar las almas de los condenados, que venían por la montaña como una nube de personas. Ellos no comprendían lo que era la verdad. Habían sido mezquinos, ellos no entendían a Mikrá. Los vieron muchos días y noches. Junto a ellos su hijo crecía fuerte. Era la reencarnación del libre albedrío, ya en los últimos días del mundo. Allí esos vampiros reconocieron algunas caras, otras eran anónimas, y pasaron por allí todos aquellos muertos condenados. Y con tiempo su sufrir fue menguando, y con mucho tiempo sus almas abandonaron aquel bosque de dolor. Ellos tenían una misión dolorosa, eran criaturas del infierno. No querían ver el dolor, no querían saber más del mundo. Su propio hijo comenzó a sufrir, y un día los espíritus se marcharon. Pero sus vidas seguían allí. Viviendo la muerte en su más sórdido penar, y al anochecer salían de nuevo, invencibles, bajaban a la pradera más allá del río, y volaba a las casas de aquellos que aún estaban vivos. Aquella vieja comarca, con sus gentes se convirtió en maldita. Todos pagaron grandes sumas de dinero para irse de allí, los pobres que quedaron fueron asesinados, vagando entre los caminos de las calles sin alma. Llevados a la desesperación. Y tras un escombro yacía uno de ellos, que por alguna razón se había escapado. Lo miraron y lo vieron morir. Ella pensó que quizás fuera un inocente. Pero él no supo contestar. Limpiaron aquello con sangre y entraron en un cuchitril de la carretera. Todos sabían quines eran y les sirvieron de beber. En el baso estaban las marcas del demonio, era una señal, hecha desde el infierno. Aquel lugar estaba protegido por su garra. Allí no había pecado alguno, las muchachas de bellos cabellos también eran hermosas de cuerpo. Los hombres fuertes, eran sabrosos panes de harina. Debían de respetar sus votos, había surgido La Iglesia de los Pájaros. Marcus la miró, penetrantemente a los ojos, pacientemente. Allí había personas a las que habían visto muertas en otra vida, en otro pasado, en un presente como aquel. Todas aquellas preciosas hembras estaban dispuestas a cualquier cosa. Todas ellas adoraban al mismo ser, al que llamaban más acertadamente Ikrá. Los Hombres también, y se levantaron de aquel suelo en el que bebían y conversaban. Allí se adoraba al mismo dios, y se acercaron donde ellos descansaban y les invitaron sin más. Tomaron té caliente, rieron del mundo y sus formas, y hablaron de la condición humana. Elizabeth dijo, que sólo Dios sabe la verdad del templo, sólo El invoca a los seres a su control, y trae su voluntad al reino que El dio a los hombres. Pero allí mismo le dijeron que aquello no era cierto.

"Hace siglos que ya no creemos en eso", dijo una. "El gobierno principal del mundo vivoanimal es de las plantas. Es del primer ser que existió, la vegetación. Sin ella no podríamos vivir. La planta tiene la capacidad de sobrevivir a cualquier época o cataclismo, el anaconte. Si desaparece el mundo vegetal desaparece la vida, es ley universal. Antes pereceremos nosotros a ellas. Y, en las ramas de los árboles está escrita la ley, que los animales conocen, y ocupan el segundo lugar pues ellos también hacen las normas. Por último está el ser humano, que reniega de ser un animal también, animal político. De estas leyes hay algo escrito para el ser humano, pero ha de encontrarlo por si sólo pues es el único ser vivo que no conoce las normas del mundo.

Cada ser vivo tiene una realidad distinta. Cada ser vivo ha de conocer su realidad. Todos tenemos un límite de conocimiento y hemos de alcanzarlo. Cada ser tiene un destino que cumplir, y hasta que no lo cumples no te vas de aquí. Esos límites que existen están escritos en el nombre engendrado de cada ser. Cada mujer y hombre tiene un anarka, una misión que hacer, un límite para el conocimiento que ha de llenar por completo. Los animales tienen sus normas inquebrantables por nosotros, la utilización de seres vivos cómo objetos es síntoma de la ausencia de la ley primera, o su desconocimiento. El Oráculo de Delfos decía, "Conócete a ti mismo". Esa es la primera ley del ser humano. Pero para cumplirla has de conocer el entorno que te rodea. La ley primera es que "Todos han de conocer su nombre por ley". Así todos alcanzan su felicidad, y nadie puede ser engañado. Pero saber tu acrana no te lo da todo, existen seis leyes en total y has de conocerlas todas. Porque al no saberlas, no conoces tus derechos como ser humano, la única forma de que todos puedan hacer lo que realmente quieren y cumplir su destino en este mundo es el conocimiento de todas las leyes naturales del ser humano, y tarde o temprano todos debemos saberlas. Así la segunda ley que es el círculo dice

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