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La obra maestra prohibida compuesta por el gran "Humberto Kordts" se estrenaba aquella noche en el teatro de Sydney. En medio de aquel réquiem monstruoso más parecido a Wagner que a Mozart, se produjo la muerte más extraña presenciada por ser humano alguno.

 

A las afueras de la ópera, se presentaba una lluvia tormentosa y un frío poco común en aquel lugar del mundo. El grito desgarrador de una mujer había conmocionado a la multitud, que sin embargo, siguió deleitándose con la pieza musical del desconocido autor.

En el estacionamiento, Madame Grand, reconocida soprano de la época, yacía muerta rodeada por litros de sangre diluidos en el mar de lluvia que se formaba en ella. Su traje con el que actuaría en la obra, de un estilo barroco y lejano, estaba manchado con aquel rojo profundo y su rostro presentaba una ligera sonrisa, que daba la impresión que aquella hermosa y virtuosa mujer había muerto en medio de una alegría fatal.

Pocos sabían que yo era el asesino. Y que me encontraba junto a mi novia que formó parte del acto, mirando la escena, más conmovedora aún que la propia ópera que se realizaba dentro.

Mi nombre es Marie, y el de mi novia es Catherine. Ambas salimos solo por las noches, nos maquillamos para ocultar nuestro aspecto delatador... y devoramos la sangre de aquellas criaturas que nos agradan... las de sexo femenino.

Pero la sangre de esta tuvo un sabor especial para mí, yo la conocía y mi novia no lo sabía... a madame Grand la había visto una vez en un baile en la corte del "Rey Sol", mucho antes de saber sobre la adorable Catherine. Conocí a madame, en medio del aroma del licor y la sangre... nuestros destinos se habían cruzado fuertemente a pesar de que ambas éramos criaturas de clases diferentes: ella un demonio de la lujurio disfrazado de humano y yo... un vampiro. Su mirada impura de color azul me miró detrás de aquella máscara oscura y yo le respondí con una señal obscena de mi lengua.

Madame Grand, se acercó y me besó en la boca apasionadamente, en frente de todos los presentes que gritaron horrorizados. Desde ese día vivimos juntas y salíamos por las noches... por los días nos divertíamos en las alcantarillas de Francia. Su pelo rubio caía sobre sus pechos bien formados y su voz se movía suave como la corriente del Sena en primavera. Nos gustaba vestir de negro aunque en la época no estaba nada de moda.

Pero un día, llego aquel monstruo desgarrador que nos separaría a ambas, el levantamiento de los vulgares esclavos, la más grotesca y descabellada sublevación: la revolución francesa...

Los revolucionarios nos persiguieron a mí y a mi tierna novia, tan hermosa, tan sublime... Ni siquiera en el medioevo tuve yo que huir tanto... no narraré todas las desventuras que sufrimos: piratas acosadores, fanáticos religiosos, trabajos prohibidos, relaciones extra maritales secretas y hasta pertenecimos un tiempo a una secta con serias inclinaciones satánicas... el punto es que mucho tiempo después, llegamos a Nueva York, yo y mi amada... pero oh tragedia...

Ella y su hermosura fueron contratadas por un judío millonario que la convirtió en su esposa... yo, me quedé sola, pobre y triste. Ella, que había pasado más de 100 años junto a mí, ¡¡se había casado con un simple mortal y encima... hombre... macho... masculino...judío!!

Las noches eran como días para mí, los días eran más cercanos a la muerte que nunca me va a llegar. Sufrí una, dos o tres centurias hasta que tomé conciencia en el año 2000, en el que desperté en una ciudad sucia y desgastada decidida a vengarme.

Los vampiros somos criaturas de sexo femenino exclusivamente y necesitamos alimentarnos constantemente de la sangre de criaturas de nuestro mismo género. Lo triste es que para hacerlo debemos recurrir a una especie de seducción, para que el enamoramiento de un sabor a la sangre sin el cual simplemente no nos es nutritivo el líquido rojo. Empecé a frecuentar los sucios bares de Nueva York, conocí gente y me alimenté bien. Un día me crucé con mi nuevo amor, mi amanecer, el destello en medio de mi noche interna: Catherine. Ella es casi igual a mí: odia a todo el mundo y gusta salir a matar humanos de vez en cuando. Su aspecto físico me es más apetecible que el de mi antigua compañera: pelo corto, negro, ojos del mismo color y un cuerpo lujurioso y provocativo, además, esta mujer vampiro con la que estoy ahora es amante del teatro y las artes en general... así que por ella me enteré que ese maldito ángel lujurioso aún vivía, como soprano en la ciudad de Sydney, Australia.

El viento y un poco de metal me trajeron a esta ciudad donde vi a mi víctima vestida como cuando la conocí. Mi novia lógicamente no sabía nada así que para ella el asesinato fue... simple instinto alimentario.

Espera por favor... me dijo con vos agitada Madame Grand
Tengo ganas de tenerte conmigo le dije con respiración entrecortada. La tomé por el cabello y le empecé a recorrer el cuello con mi lengua, como en los viejos tiempos. Su cuerpo temblaba alocado por las hormonas inmortales de su cerebro milenario. Rió y con su voz suave me dijo:

Ese judío no me hacía este tipo de caricias mi mano empezaba a subir por su pierna
¿Por qué mi amor?, ¿por qué? le pregunté entre un llanto lastimero
Quería vivir nuevas emociones, nuevos sentimientos, nuevas caricias... pero me di cuenta que una mujer lo sabe hacer mejor... no me aguanté escuchar esa repuesta tan estúpida y superflua, le clave mis colmillos furiosa en su cuello mojado por mi sudor y mi saliva... ella gritó y me sonrió

Me gustaba que me golpees ¿te acuerdas?
Sí mi amor, si me acuerdo dije mientras la recostaba en el asfalto mojado por la lluvia que empezaba a caer estrepitosamente
Te amo... contestó ella y cerró los ojos con una sonrisa que nunca olvidaré... la amo ahora y antes no lo comprendí, ahora nunca la tendré... nunca poseeré nuevamente esa sonrisa delicada, esos cabellos frondosos, aquella voz suave, aquellas manos que se movían alocadas en los momentos oportunos y lentas en los instantes decididos por ambas... nunca podré contarle a nadie esta historia... nunca podré saber si realmente existió... pero creo que ya te la conté a ti, y podríamos hacerla realidad ¿no?.

Ahora mañana mataré a Catherine, y buscaré a alguien a quien contarle esta historia... a ti... te narré todo, cada detalle... eres un hombre, entonces necesito experiencias nuevas, o mujer, no me querré alimentar solo matar... seguiré el mismo ritual de seducir salvajemente y luego ya verás... lo disfrutaremos juntos mi ángel de la lujuria...

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