Home  //  Historias  //  Historias de Sueños  //  Absinthe

23 de junio de 1984 « Par ces deux grands yeux noirs, soupiraux de ton âme, O démon sans pitié ! Versemoi moins de flamme; Je ne suis pas le Styx pour t'embrasser neuf fois »

 

Tras una eternidad en el infierno terrenal regresé a mi alcoba, ese paraíso fuera de tiempo y espacio donde se congelaban las agujas del reloj dando paso a un agujero negro que todo absorbía. Retornó a su vez la calma en aquel maldito lugar donde gobernaba la máxima oscuridad, donde reinaba la Verdad Absoluta.

Subí a la pequeña tarima, frente al altar de rodillas. Obtuve el metálico cáliz y lo coloqué frente a mí, seguidamente coloqué la cucharilla de plata sobre el mismo y a continuación un terrón de azúcar. Mientras rezaba a Luzbel vertí la absenta sobre el terrón, a continuación la mezclé con agua y agaché la cabeza como símbolo de reverencia y redención.

Bebí el elixir de un trago, sin contemplaciones. Entonces cerré los ojos durante un instante, segundos en los cuales enrojeció la mirada tornando puro fuego infernal. Contracciones arrítmicas sacudieron mi cuerpo mientras dos bultos intentaban escapar de las pieles de mi lomo. Pronto surgieron dos oscuras alas en mi espalda, batiendo torpes y manchadas aún en sangre.

Había zanjado la época de luz y deidad, había vencido la Verdad Absoluta y ya no había marcha atrás. Un fuerte olor a pólvora entró por la ventana a la vez que se derrumbaban los primeros castillos de arena que durante tantos siglos habían sustentado la red que condenaba a la humanidad y una sonrisa se dibujó en mis labios: era el principio del fin, el comienzo de una nueva era.

Los niños al fin salían libres al exterior, los hombres dejaron de ser esclavos y las mujeres abandonaron la represión que empujaba sobre sus cabezas. Desapareció lentamente la mentira con la que a tantos se les encadenó, se declaró la amnistía para aquellos que atentaron contra la misma, se levantó la condena contra todo aquello que daba a lucir la verdad. Y yo al fin sonreía, al fin el ángel caído sonreía al ver la solución a los problemas de la humanidad.

Entonces miré al firmamento desde la ventana y me di cuenta de la presencia de una vieja cuchilla de afeitar sobre la mesita. La observé fijamente durante unos instantes antes de decidirme a agarrarla y, con ella, realizarme varios cortes en los brazos. Tras ello me quedé observando la luna mientras regueros de sangre se dibujaban en mi piel, goteando poco a poco e impactando contra el suelo formando un charco perfecto.

**Versos en francés extraídos del poema "Sed Non Satiata" de Charles Baudelaire.

Otras Webs Recomendadas

porno film porno film porno film turkce porno beylikduzu escort escort beylikduzu escort beylikduzu escort bayan porno izle porno film porno film turkce porno porno izle porno film klima servisi