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Dicen las antiguas leyendas, que en una mansión en las afueras de Machachuste, vivía Alan Coste Millán, mansión que ahora está deshabitada y llena de ruinas. Aún así, se encontró un libro totalmente intacto en su habitación bajo su cama. Es el diario de sus vivencias, vivencias que fueron escalofriantes y llenas de terror, según nos cuenta en cada verso que nos transporta a su mundo, como si nada.

Murió a los pocos días de entrar el verano del 1944.

Diario de Alan Coste Millán

Querido lector:

Son tan profundos los sentimientos que llevo dentro, que quizás pienses que estoy tremendamente loco, disparatado, pero si me lees, podré entrar en tus ojos como si fuera el alma de un viejo amigo y alimentarme de tus alegrías, de tus recuerdos, de tus emociones, para vivirlas como si fuera yo.

Podrás distinguir que mis versos están hechos, para contarte una historia, pero no se como explicarlo, es una prosa poética, supongo, pero en definitiva es una poesía, que te hará volver junto a mí, para vivir lo que yo he vivido.

Aprenderás a como lanzar un sueño negativo y a deseárselo a tu propio enemigo, para que arda en las tinieblas, así podrá escuchar el rechinar de los dientes y el llanto de las almas. Un castigo, que no se lo deseo a nadie ni a mi mejor amigo. Allá van mis momentos ya vividos y que revivirás aquí conmigo. Por cierto, ¿sabes que estoy aquí contigo y tu ni te has dado cuenta?

Los enanos crecen

13 de enero de 1944

Era una mañana de otoño y me encontraba paseando por los jardines de mi casa, con una libreta en mi mano y una pluma de tinta negra, iba escribiendo mis sueños, aquellos que vivía mientras soñaba y que dejaban huella en mi pecho descarnado y en mis tristes ojos. Las sombras de mi pasado me persiguen, dejando huellas al pasar y al volver la mirada hacia atrás, veo la senda con pisadas que nunca volverán a borrarse. He aquí pues todo lo que he vivido en aquel maldito sueño que nunca volveré a vivir. Mis manos tiritan con solo escribir estos versos, mi corazón late fuerte soñando despierto, aquel momento cruel.

1

Le da envidia al sol
que mi alma se sonroje,
cuando mi mirada se tuerce
para iluminar los estanques oscuros.

2

Me quema el pecho,
me queman las venas
de mi corazón, haciendo
abrir la brecha de mis entrañas.

3

Una luz cegadora, sale del vientre
de la tierra, me ciega, me ciega,
yo grito piedad a Dios, pensando
que el cielo se aploma en mi cabeza.

4

Los perros de la ansiedad, me devoran
la boca del estómago, dejándome
en el suelo retorciéndome de dolor.
Un grito desgarrador, hace eco en mis oídos.

5

Despierto y veo mi pecho negro,
de la batalla con los fantasmas
del pasado y las tristezas
que se agolpan en mi vida.

14 de abril de 1944

Aún sigo pensando, que los enanos crecen en el tiempo, son recuerdos enanos, cortos, que te hacen vivir una experiencia inolvidable o desagradable según como lo mires. Para mí, ese sueño tan real fue horrible, aun sigo pensando en como sobreviví a aquella experiencia.
De detrás de mi casa, se acerca un amigo mío, que sabe leer los sueños y te lo explica muy bien:

Hola Alan, ¿Qué tal fue la noche?

Dr. Brayan, tengo miedo, me acaba de pasar algo horrible.

Cuéntame amigo Alan Cuando le cuento todo lo que ha pasado, que realmente no tiene pesadilla, ni miedo ni nada, pero es algo vivido que podría llegar a peor, quien sabe. Él me responde;

Amigo mío, este caso, lo paso un hermano tuyo, pero murió como para contarlo, no se como sobreviviste, será que no ha sido muy grave, porque si el sol ese del que hablas aumenta su intensidad, tu no estás aquí para contarlo.

Lo sé Dr. Quiero que me aconseje.

Busque lugares cálidos, sin cuadros, sin nada que le haga recordar y hacer vivir todo lo soñado y ese pecho vaya a un doctor, es posible de que se halla quemado con alguna colilla de tabaco.

¡Doctor, no fumo, seguro que ha sido el sol!

Alan, Alan, relájate y explora el mundo desde otra perspectiva, quiera que no, tienes pesadillas, sueños, llámalo como quieras, pero no son reales, te quedaste dormido........... Por cierto, está es la colilla que he encontrado en el suelo.

¡Qué no es mía! ¡Se lo juro!

Tranquilo Alan, relajase.

¡Cómo quieres que me relaje, si no me cree que esa colilla no es mía! habrá venido un ladrón.

Claro que sí Alan, que me voy a creer eso, cuéntaselo a tu amigo invisible, pero a mí no. Te crees que estás hablando con un tonto, que soy médico y además psicólogo, no me vas a engañar, que he tratado casos como el tuyo. Mira el reloj y ya son más de las ocho y media de la tarde. Alan me voy a marchar que he quedado con mi mujer para cenar, si necesita algo dímelo.

Brayan créeme, es en serio, lo vivo todas las noches. Brayan se marcha dándole un abrazo y un beso en la mejilla como un buen amigo, y se despide al salir de la puerta con la mano hacia arriba.

Continuará...

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