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Historias de Monstruos

Relatos en los que criaturas de la noche, seres aterradores y todo tipo de monstruos son los protagonistas.

Llegado a aquel punto, sabía muy bien qué le tenía reservado el otro lado de la puerta. No era preciso pegar el oído para que aquellos sonidos desafiantes, cargados de odio, presagiasen el enfrentamiento que se avecinaba.

La infección en su ojo comenzaba a supurar, su piel estaba roja, escamosa e insoportablemente irritada; mechones enteros se le caían por montones descubriendo las ulcerosas heridas sangrantes sobre su piel; sus vértebras y costillas se le marcaban macabramente como si se tratara de un esqueleto cubierto por un globo sin aire; la desnutrición y mala salud ya habían cobrado notablemente su parte; pero, a pesar de eso, a pesar de toda su aparente desdicha, se le notaba la mirada cansada de tanto sufrimiento pero también feliz.

Ignoro qué extraña circunstancia me ha podido llevar hasta el lugar donde me encuentro ahora; mi confusión es absoluta; el antes y el después se funden en un mismo tramo de tiempo. Aquí estaba cuando abrí los ojos y desde el primer momento comprendí que mi único cometido iba a ser el de aunar fuerza, valor y astucia para preservarme de los peligros que me acechaban.

La oscura mancha se escurrió bajo la puerta avanzando lentamente como una impávida sombra que vaga libremente sin la esclavitud de su amo. El demonio del sueño rondaba en mi habitáculo, mas esta vez, no me había dejado vencer.

Yo lo he visto con mis propios ojos; estaba aquí; en este preciso lugar mientras Rocco vaciaba la sangre de sus víctimas y lo hizo sobre esta misma lápida; las tumbaba aquí y desgarrándolas con sus propias manos, devoraba sus entrañas y bebía su sangre hasta saciarse. Cuando se transforma no es humano y tiene una fuerza sobrenatural; sus manos son grandes como garras, sus dientes largos y afilados y una gruesa mata de pelo recorre todo su cuerpo.

Hay una única puerta al final de las escaleras detrás de la cual está el desván. La oscuridad y el silencio lo invaden todo. Las extremidades desmembradas de los muñecos y de los títeres están desparramadas por el suelo; entre la oscuridad aparece de pronto un rectángulo alto y negro, como la taquilla del vendedor de entradas de una feria ambulante.

En tiempos no muy lejanos existía una pareja de novios, se amaban más que nada en el mundo, ella de ojos verdes y piel blanca oriunda de Maracaibo Edo y él, un joven llamado Zulia, moreno de ojos negros profundos y cabellos largos oriundo de Guatire, Caracas.

El extraño llegó por el sendero del risco. Cojeaba de la pierna derecha, no de un modo pronunciado, sino con un ligero vaivén, como una barca amarrada en un día de leve marejada. Caminó arrebujado en su abrigo, con una mano escondida en el bolsillo y la otra agarrando una enorme bolsa de lona. El cielo estaba encapotado y soplaba viento del norte. No le importó.

La voz se le repetía día tras día. Inundada de odio y de resentimiento. Machacona. Cruel. Incesante. "Sucia criatura". Los pasos se fueron volviendo menos hábiles con el discurrir del tiempo. De los días. Los meses. Los años. Siempre terminaban arrastrándose ante la puerta cerrada bajo llave.

Aún no te has dado cuenta amigo mio nacemos para morir, mas no lo aceptamos, nosotros deseamos no morirs y esas ganas nos lleva a reproducirnos, a llegar a ser algo en esta vida para ser recordados, para no morir.

Una tarde de miércoles cualquiera. Una fuente en medio de una plaza adornada con surtidores que enviaban el agua hasta el cielo. Los días de viento la calle se mojaba y los transeúntes prudentes dejaban unos metros de separación entre el estanque y sus pasos.

La noche ha caído, la luna brilla de un color azul como el de un zafiro, el aire es frio y me golpea con fuerza la cara, no se que fue lo que pasó, ni quienes eran los que, hacia unos momentos, intentaron violarme. Lo único que se es que ahora ellos están muertos, yo estoy recostada gusto a una pared, bañada en su sangre y, frente a mí, un gigantesco lobo negro me mira fijamente con sus ojos de color verde pardo.

La bestia estaba allí, agazapada, vigilante, escondida en algún lugar de la casa esperando mi llegada, dispuesta a saltarme feroz sobre el cuello para destrozármelo en segundos. Era una horrible criatura que se movía sigilosa por los rincones. Su olor fétido inundaba todas las dependencias.

Están muy cerca, puedo oírlos gemir atrás en el patio, son una amenaza necesito ayuda, se que ansían mi carne, les gusta la carne fresca, la ciudad esta devastada estoy con Alfonso, mi mejor amigo desde la primaria, estamos ocultos en mi ático, de 5 que éramos ahora somos 2, Gabriel y Alejandro fueron brutalmente heridos, al paso de los minutos nos comenzaron a asustar y Gabriel nos atacó, no tuvimos remedio y lo matamos.

De vez en cuando visito a mis seres queridos. Me acerco sin que me oigan a la ventana del salón, mi mujer juega a las cartas con sus padres, mi hijo juega con la consola que le dejé en herencia. Veo mis recuerdos alrededor de ellos. Supongo que la vida sigue su curso y es difícil perder a alguien, pero ellos no pueden saber que he vuelto, ya no soy el que ellos recuerdan. Mi piel es pálida, mis ojos blancos sin pupila, he perdido la mitad de mi peso corporal.

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