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¡¡Esta vivo!! ¡¡Esta vivo!!" grita el frenético Dr. Frankenstein regocijándose por su obra, del otro lado de la pantalla del televisor observa con admiración y celos un joven estudiante de medicina, Guillermo Knoll.

Joven sin remordimiento, él no tiene noción del bien para la comunidad, por que no lo quiere, él quiere el bien para su ego y orgullo. Habitante de Berisso y desde allí observa el rotor de la vida humana y como lograr su obsesión, si lo hace en nombre de la ciencia nadie lo acusará de absolutamente nada.
Knoll estudia en su habita llamado así por ya paso de ser un simple cuarto a comedor, archivador de documentos y mundo privado, estudia la magia negra de africana para entender como puede crear su zombi, así nomás, llanamente.
Cree que puede lograr su propio zombi sin tener que revivir un ser humano, aunque este era su pensamiento anteriormente.
Tantos segundos, minutos y horas de estudio sobre el tema hacen que uno de sus amigos, el único que le queda en realidad, lo saque de su casa a la fuerza y lo lleva a un pub.
Guillermo no tiene el menor interés en bailar ni socializar, solo ve las botellas del otro lado de la barra y tiene un principio de idea sobre su proyecto y saca un diminuto lápiz de su campera y escribe en un pequeño diario experimental:
"Creo haber encontrado una nueva manera de lograr mi objetivo, pero este ya es la séptima vez que lo logro...".
Knoll observa a su alrededor y continua buscando la respuesta a su pregunta y en una de sus miradas ve a una joven riendo con otro joven y lo que al parecer es su amigo le cubre la vista de su bebida y coloca dentro de ella un polvillo blanco y esta persona ve a Guillermo y cuando lo hace, este nota la misma mirada que el tiene cuando realiza sus experimentos. Tenia un principio de idea fabuloso, de primera categoría, pero como lograr que el efecto dura por siempre o tiempo prolongado.
Los sigue toda la noche, como sombra de luna, el quiere ver que sucede, el chico deja caer a la chica en la acera y corre, Knoll se decepciona pero va a buscar a la chica y se la lleva. Involuntariamente le salva su integridad física, de seguro, se convierte en un héroe, pero poco le importa no tanto como descubrir como mantener el efecto narcotizado de la joven.
Al día siguiente abre sus ojos, su cabeza le da vueltas y no siente con normalidad los sentidos y facultades d su cuerpo y Knoll no esta a la vista pero la ve y observa esto, lo nota en sus movimientos corporales, la joven se levanta y para ese entonces Knoll comprende su objetivo, sabe lo que es necesario para crear su obra maestra, su maravilla, aguarda a la que la joven salga de su casa para recopila lo esencial del material recolectado en su libro.
Días más tarde, experimenta con su perro, como lo hizo el Dr. Frankenstein, le da una combinado de drogas legales bien minuciosamente pensadas y preparadas, tras días de pruebas con animales vecinos descubre de tanto estudio sobre la cultura medica africana, que si lo droga, entierra y desentierra días después, el perro será un zombi real, no despertara a un muerto de su tumba si no que hará que un vivo continué vivo pero bajo su control, ese es un zombi ahora para Guillermo.
Tres días más tarde, desentierra a su perro, desclava la caja donde lo guardo esos días y el perro respira con dificultad y titilan sus ojos, le demanda una hora y minutos poder abrirlos un poco y reponerse, Guillermo lo saca por completo de la caja y el perro se tambalea de aquí para allá y deambula, un poco más al extremo de como lo hizo la chica en el pub y fuera de el.
Día por medio vuelve a la universidad y le comenta a su profesor su logro, había creado su propio zombi y no era como en las películas, era algo completamente científico.
– ¿Le pusiste los tornillos? – pregunta Alejandro Kwara, un compañero de clase de Guillermo, lo escucho y ahora se burla de
él – Cállate, esta viendo muchas películas me parece, Knoll – finaliza.
Esas burlas hacen que se le escape una sonrisa a su profesor y de inmediato sabe que debe demostrarlo, a su profesor y a su compañero, ninguno lo toma enserio y él acababa de descubrir un gran paso de la ciencia, ese paso que nadie vio, él pudo verlo. Es más piensa utilizar a su compañero como objeto de su obsesión.
Día tras día observa a Kwara y hace sus anotaciones pertinentes:
"El sistema corporal de un animal ser humano es diferente al de un animal por naturaleza, el efecto provocado por las drogas suministradas por mis manos a mi el perro lograron un efecto inmediato, de cuestión de segundos, por lo tanto el efecto en un ser humano debe ser tardío y por ende el entierro también debe ser tardío".
Observa todo de su compañero, tiene que conocer al paciente para poder manipularlo y nota que Kwara tiene la costumbre de tocarse la nariz cada vez que toca sus carpetas, libros, a otras personas, perillas de puertas y es por ahí donde entrara la droga.
Entiende que no puede hacerlo al azar y con poco conocimiento sobre drogas, por ello le pide a su hermano, un estudiante de policía, libros que estén en poder de la fuerza que hablen sobre los distintos tipos de drogas y su accionar en el cuerpo humano y respuesta del mismo. Para ello también consulta los libros de la biblioteca universitaria.
Semanas preparando su presentación para él por el momento, llega el día, conquisto la química y logro secar todos los componentes de la droga que utilizara de la que escribió: "No puedo especificar el veneno en este boletín por que tendría problemas, pero es importante redactar mi experiencia, no publicare el nombre de la droga por que todavía no pienso compartir mi descubrimiento. Lo quiero compartir es mi gran ingenio, al efectuarse sobre el sistema de Alejandro Kwara lo hará parecer muerto inarticulara su pecho por lo cual nadie podrá ver si respira, su boca quedara al descubierto por lo que aspirara y exhalara por ella con disimulo, sus signos vitales decaerán tanto que quien lo revise no podrá detectarlos pero continuaran funcionando y luego será mi zombi".
Baña con la droga seca la perilla de la puerta del salón donde más concurre Alejandro Kwara y se aleja desvaneciéndose entre los alumnos de la universidad.
Alejandro tira la puerta hacia su cuerpo, ingresa al aula y cierra la puerta detrás de él e inmediato hábito sobrepasa la palma de su mano aplastando su nariz y respira con normalidad y se sienta en una silla próxima a él.
César anda de un lado hacia otro de la vereda de la universidad esperando algo.
Sale Kwara hecho un papel mojado y ante los ojos sórdidos de Knoll cae de lleno sobre el asfalto y pocos corren en su urgencia entre esos Guillermo, sosteniéndolo para levantarlo y llevárselo, aun los signos que tenia que disminuir y anular ante la vista publica todavía no sucede y para colmo.
– Disculpe, soy medico – dice un hombre que aparece por detrás de Guillermo, ante la mirada desprevenida de este.
– ¡No necesita un medico idiota, me necesita a mi! – grita Knoll, por el momento de entusiasmo y luego temor se extraviaron sus palabras y ahora no halla otras para remediar la situación solo una mirada agudo y fija para ese medico.
– Soy medico – aplaca el hombre.
– ¡¡Usted no es nada!! – dice Knoll, enfurecido por que teme que sus planes fracasaran, es todo lo que encuentra para decir.
Momento de tensión que es opacado cuando el medico le informa.
– Le revise el pulso y no tiene signos de vida – dice el medico para alivio de Guillermo, había funcionado a la perfección lo pensado por él, no así la situación de llevárselo.
– Creo que igual habría que llevarlo al hospital urgente – dice el medico – ¡¡Es urgente, usen sus celulares para hablar al hospital, dejen de escuchar música o lo hagan!! – le grita a un grupo de jóvenes estudiantes.
Guillermo Knoll no tiene miedo de que lo lleven al hospital, ahora es seguro que la droga funciona y en hospital no hallaran nada de vida en Alejandro Kwara.
Previendo esta situación, en los días de investigación, Knoll aprovecho para hacer amistad con la familia Kwara, sobre todo con la madre, desde esa posición puede aprovecharse de la voluntad de la madre para el futuro cadáver de su hijo.
– Yo llamo a la madre – dice Knoll a quien le preste atención.
Consecuente la familia entierra directamente a Alejandro, sin permitir que se le realice la autopsia, Knoll tuvo que ver en ello dictándole a la madre de Kwara que en las autopsias los médicos les quitan los órganos a los cuerpos para venderlos en el mercado negro y luego rellenan el cuerpo de diario y paja para encubrir sus males, además otro factor de esta decisión es que la religión de la familia cree que se deshonra al cuerpo por lo tanto debe quedar limpio de cortes y exploraciones internas, Knoll ya lo sabia solo reafirmo esta creencia religiosa para asegurar su cuerpo de creación.
Knoll ordeno a la madre del joven experimento que sea enterrado a un específico metro cuarenta, pero por negativa de la madre lo modifico a dos metros redondos y no más.
Dos semanas pasan en el ciego cajón que es rasgado por uñas de hombre, desde adentro, despertó Alejandro.
Es un zombi, no como en las películas, este es de verdad, no tiene noción de quien es o que hace, solo esta.
Su boca seca como tierra de desierto con cortes profundos del solo estado de encierro, inmovilización, saliva escasa, hambriento, sediento, sucio, pero solo nota la inmovilidad, solo quiere moverse y abrir sus ojos hasta donde no le duelan y ya esta es un zombi de la vida real.
Una semana después Knoll cava de clandestino en el cementerio y hora y media de cavado descubre el ataúd y oye los cerrados chasquidos de uñas en la madera.
Abre la tapa de la urna contenedora de su creación, la que hizo posible la desintegración mental de Alejandro, la que lo almaceno como alimento a madurar, lo levanta en brazos y la droga que lo enveneno y el encierro de semanas en el ataúd dejaron a la persona como ida, con dificultades mentales y Knoll expresa en su diario científico:
"No podía escribir, en ese momento, al respecto por que tenia que sostenerlo, pero quería escribir mas que nada.
Sus facultades mentales existen, pero me pertenecen".
Lo que hace que apenas la persona se mueva con dirección propia.
Alejandro camina por delante de Guillermo con disminución mental solo comprende como mover los pies para mantenerse, se tambalea con una soga que Knoll le amarro alrededor de su cintura par controlar su dirección y con una rama de árbol que la maniobra como varita lo golpea para que camine y lo lleva de esta forma paciente y duradera hasta su casa y lo encierra en su galpón con mucho cuidado, no quiere dañar su propiedad que es Kwara.
Insistente e impaciente al otro día después de descansar lleva su reporte a la universidad y la presenta ante varios médicos como estaba previsto que alumnos ostentaran sus proyectos ante reconocidos médicos como un comienzo de lo será su carrera y solo es el hazmerreír de los médicos.
– Pueden verlo si quieren – dice Knoll, desafiante.
– Yo quiero verlo – dice el profesor que se rió de él en el aula junto con el Alejandro despierto y vivaz.
Después de la reunión guía a seis médicos hasta su casa, hasta su galpón donde les muestras a los médicos a Kwara, estos se quedan aterrados por lo que ven, por el estado del joven, con los ojos hundidos, soñoliento y delgado como una hoja amarrado a una pared con una soja estilo marinero, tan gruesa que cubre todo el abdomen del muerto vivo, más vivo que muerto.
Al ver semejante atrocidad se retiran de inmediato tapando sus narices por el hedor que marcha en ese galpón.
Pero lo hacen con una fascinación en los ojos como la de Knoll al ver el comienzo de su proyecto.
Guillermo los sigue con la vista, con las cejas fruncidas, y les da a los gritos algo de verdad.
– ¡¡Ustedes están encantados, capturados como yo por este proyecto tengo un gran logro en mis manos, tengo un Frankenstein de vida real y ustedes me envidian quisieran estar en mi lugar!!.
¡¡Vayan, cuéntenle al mundo sobre lo que ustedes creen, hacia fuera, es un crimen, pero por dentro sienten lo que yo. Orgullo!! – dice Guillermo Knoll y los médicos se retiraron de su vivienda sabiendo que no podían hacer la denuncia, no hacia falta que hablaran quedaba claro que ellos pensaban igual que Knoll, lo más extraño es que pensaban y sentían lo estrictamente lo mismo que él.
Horas más tarde, Guillermo continua en la misma posición por horas mira de ojos llenos por donde se fueron los médicos, que para él a esta altura son mediocres que van a volver a sus pies no para besarlos si no para rogarle.
Ingresa con sus piernas adoloridas al galpón, perdió la noción del tiempo, saca de una caja una manguera a presión para lavar autos, prepara la misma, se apoya en la pared contraria a la de donde esta su Frankenstein y la enciende.
El chorro es tan poderoso que comienza de inmediato a rasgarle la piel al joven, Knoll esta dispuesto a todo para sacarle el olor, para que vuelvan los médicos, no pretendan que no sea hipócrita después de semejante experimento con prueba la vida una para saber si es capaz de hacer algo o no.
Cuando termina, el joven queda prácticamente pelado de piel, pero no hay dolor, vivirá aturdido por siempre por lo tanto no siente.
Al día siguiente lo lleva de paseo un macabro paseo para ustedes, pero para él es un rencuentro con su familia, con la familia del joven, espera que lo vean para demostrarle a alguien que es un científico.
Lo lleva con la cuerda atada en su abdomen, y ahí están en la puerta de su casa, el joven no tiene conocimiento de su vida siquiera, se abre la puerta de la casa de un tirón y la sonrisa de Guillermo se hace evidente.
Lagrimas de parte del padre del joven por lo que ve, satisfacción de Knoll esa reacción le dice lo que él quiere escuchar, aunque el padre no diga nada.
Dos meses más tarde le entregan un reconocimiento de honor a Guillermo en una sala que ahora lleva su nombre, tan joven y con tanto reconocimiento piensan algunos, quieren conocer su trabajo, pero les basta con que seis médicos lo conozcan, los mismos que se fueron asqueados de su casa.
Reconocen el proyecto sin nombrar su contenido intelectual como "Progreso K" por la "k" del apellido de Guillermo.
Y ese es un respaldo para el Premio Nobel, y se rumorea que cuando llegue el tiempo se lo darán.
Guillermo Knoll, e ahí el futuro de la ciencia de todos los tiempos, director de su proyecto que ya tiene a más de doscientos médicos involucrados, inversionistas a elegir y Frankenstein en vida real tantos como se puedan almacenar en kilómetros de estructuras del "Proyecto K".
Mientras se cae el cielo viejo, en forma de gotas facilitándole lugar al cielo nuevo abierto, Guillermo escribe sus memorias en su propia sala en el palacio de la junta médica, donde las personas pueden rodearlo a paso contínuo para ver historia, ahora él es el fenómeno y le fascina.

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