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Historias de Monstruos

Relatos en los que criaturas de la noche, seres aterradores y todo tipo de monstruos son los protagonistas.

Esta historia ocurrió en un barrio de Santa Fé capital, más exactamente en una escuela. Estaba entrando al salón de clases cuando alguien mencionó:

¿Dónde esta Gustavo?

Siempre me había preguntado que había en el último piso de mi edificio, mas nunca me atrevía a subir.

Una madrugada mientras todos dormían yo no paraba de escuchar pisadas en el piso de arriba lo cual era raro ya que ese piso estaba deshabitado. La curiosidad no me dejaba dormir así que sin dudar me levanté, salí de mi casa y subí las escaleras. Se escuchaba la lluvia caer y el viento soplar.

Me llamo Popls y desde pequeño fantaseaba con los zombies, como sobreviviría a un apocalipsis, que arma usaría, y todo lo que os podíais imaginar.

Era divertido imaginarme todo eso en la tranquilidad de mi casa, pero cuando el día Z llegó no estaba preparado.

Una hermosa familia se había mudado a una gran casa en el campo, la familia tenía 2 hijos, Clara de 9 años y Esteban de 7. Los niños fueron a jugar un día al gran campo, les gustaba mucho ese lugar, siempre regresaban de ahí explorando lugares nuevos. Un día los niños salieron como siempre, mientras su mama les decía que regresaran antes de la cena, pero los niños no regresaron, las horas pasaban y pasaban y ningún rastro de ellos se oía cerca de su casa.

"¿Podría una madre olvidarse del hijo de sus entrañas? Pues yo nunca me podré olvidar. Is. 49,15." Empezó a oír el llanto antes de entrar a la casa. El hombre volvió del trabajo con el último aliento de la tarde, arrastrando su sombra a través de las calles. En todo su aspecto lánguido y demacrado se notaba el agotamiento físico y la falta de sueño que su cuerpo venía reclamando a gritos.

Cuando desperté, ya la había perdido. Lloré como nunca y contemplé mi hinchado vientre, pero ya no porque estuviera ella ahí, solo por la inflamación que produjo la salida prematura de su pequeño e indefenso cuerpo. Al verla en ese recipiente, inerte y fría mi corazón cayó en mil pedazos.

La lancha se acercaba a la bahía despacio y con apenas un candil de queroseno como única luz. Sus dos ocupantes miraban hacia el frente con una mezcla de curiosidad y miedo y los ojos entornados para otear mejor en la oscuridad. El italiano sujetaba el timón, dejando que la suave corriente del Pacífico les empujara hacia la orilla, mascaba un palillo de dientes mientras sus ojos azules buscaban las siluetas de los promontorios que flanqueaban la bahía y parecían vigilarles como gigantes de piedra.

Cuernavaca, Morelos. Paso un día normal, dos empleados (vamos a llamarlos Alberto y José), salían de su trabajo en una plaza mas o menos conocida. Ellos trabajaban todo el día, pues la empresa donde laboraban así lo exigía. El cansancio se les veía en los ojos, y sus músculos ya no daban para mas.

¡¡Esta vivo!! ¡¡Esta vivo!!" grita el frenético Dr. Frankenstein regocijándose por su obra, del otro lado de la pantalla del televisor observa con admiración y celos un joven estudiante de medicina, Guillermo Knoll.

¿Cerraste todas puertas de la casa? Sí. Jaime y Jorge se habían encerrado en la casa mientras aquellas criaturas deambulaban afuera, todo había sido tan rápido que no habían tenido tiempo demeditar lo que estaba pasando.

Nunca hubiera pensado que en un lugar como en donde trabajo (un centro de investigación) iba a toparme con eso, pero allí estaba, al final del pasillo. Justo frente a mí.

Mi abuela me había regalado una muñeca el día de mi cumpleaños, era hermosa con sus cabellos dorados y rizados, pero no sabía cómo era por dentro. Esa misma noche decidí dormirme con mi hermosa muñeca así que la cobijé con una manta rosa y en la cama la puse junto a mí debajo de mi brazo, de pronto todo era silencio.

Bolas caen sin cesar, no paran de caer, cada vez son más grandes, enormes. Cierro los ojos fuertemente, y un color amarillo genera laberintos y destellos de luminosidad. Lo que se repite continuamente es un desfilar de objetos que no consigo detener. Hastío, cansancio y habitualidad. Espero la noche para poder disfrutar de un intercambio de nuevas experiencias, cada cual más desconcertante. Tanta previsibilidad diurna machaca mi pensamiento. Necesito perder el control, para posteriormente ordenar mis sentidos.

Siempre creí que los monstruos solo existían en las películas, no me asustaban mucho porque sabía que no eran reales, ahora se que me he equivocado y lo estoy pagando poco a poco; en este lugar del que estoy tan seguro, jamás saldré....al menos, no con vida.

Bastaron tan solo minutos para que la anciana derramara un poco de la cera sobre mi par de tenis, traía velas en bandeja después terminó el caos y todos a sus puestos.

Empezaban a estallar bombas yo herido por las fuerzas opositoras al profesor Juan Bosch, me eché a andar por la que es hoy calle el conde, rosita la jovencita que amaba no tardó en refugiarse en una papelería de la palo hincado, destapé una barra de chocolate para reponerme.

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