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Su nombre era Gerardo, un fotógrafo de unos ventipocos años, esperaba todavía su oportunidad de sobresalir con “esa foto” que lo sacara del común denominador del medio en el que trabajara y lo lanzara a una vida mejor puesto que él sabía que su talento daba para más.

Hace algunos años atrás el hubo un golpe de estado en el país vecino al de Gerardo, pero con el trascurrir de las semanas y los meses las fuerzas del gobierno habían logrado sacar a los insurgentes de las ciudades y forzarlos a retirarse a campamentos rebeldes en las fronteras. Uno pensaría que eso es bueno, pero para el país de Gerardo significo un enorme peligro puesto que ahora sus fronteras estaban amenazadas ya que los insurgentes saqueaban los poblados fronterizos. Por consiguiente durante esos años hubo un aumento considerable en los gastos de seguridad, así como una serie de leyes que permitían el reclutamiento de ciudadanos al azar según la conveniencia del estado.

Gerardo nunca se vio directamente involucrado por esta situación gracias lo que el llamaba la mayor de las suertes, pero por desgracia su gran amigo y tutor el periodista Miguel Bernicoli, a quien una mañana los agentes del gobierno le dieron un ultimátum de 36 horas de su inminente reclutamiento.
Cuado esto ocurría solo se podía pensar en dos cosas: la primera era huir, cosa bastante difícil en esos días, o en segundo lugar resignarse y esperar un cargo en las fuerzas de logística del ejército para estar relativamente lejos del combate, el cual se había intensificado con el pasar de los meses.

Bernicoli tenía contactos en las cúpulas militares y logró su transferencia a un puesto de telecomunicaciones en un lugar relativamente seguro, pero con su partida dejaba sola a su hija de unos 16 años Carla, ya que su esposa había fallecido años atrás. Gerardo, en alas de su grana mistad prometió cuidar a Carla hasta que se cumpliera el servicio de 5 años Miguel, quien partió rumbo a su inevitable destino.
Con el pasar de los días Gerardo consiguió un trabajo fotografiando las fuerzas militares en la base militar cercana para propaganda del gobierno, un trabajo que renuentemente tubo que aceptar dado que ahora tenía otra boca que mantener. Carla ayudaba con los gastos en su empleo de medio tiempo ya que seguía en la preparatoria. Y por un tiempo esto mantuvo separados a los dos jóvenes.
Miguel, quien enviaba cartas todas las semanas, dejó de escribir por unos tres meses y tanto Carla como Gerardo temieron lo peor hasta que finalmente ocurrió, el gobierno declaró estado de emergencia ya que los insurgentes habían logrado avanzar hacia el interior del país y habían arrasado la mayoría de las guarniciones fronterizas. El nombre de Miguel apareció en los obituarios y tanto Carla como Gerardo entraron en una profunda depresión. Carla dejó trabajar y Gerardo cada vez conseguía menos trabajos, así que con el pasar de los días comenzaron a discutir la posibilidad de irse del país, pero para lograr eso necesitaban mas dinero del que tenía.

En este punto ya Gerardo y Carla comenzaban a sentir algo el uno por el otro, y siendo Gerardo un fotógrafo este le había tomado a Carla muchas fotos, las cuales tenía pegadas en la pared de su cuarto.
Un día viendo las fotos Gerardo un día le sugirió a Carla, a quien ya muchas veces le había sugerido que se dedicara al modelaje dado a sus buenos atributos y a lo muy fotogénica que era, que él podría tomarle fotos y venderlas para conseguir el dinero extra. A esto Carla respondió que su padre no la dejaría, y además los únicos interesados en fotos de alguien sin mucho nombre como Gerardo serían diarios de baja monta que le pedirían que posara desnuda o cosas así. Gerardo, molesto por esa respuesta, le dijo que por lo menos el todavía trataba de hacer algo con su vida, ella en cambio había abandonado sus estudios y ya ni trabajaba, discutieron un rato mas y ese día se fueron molestos el uno con el otro a sus respectivas habitaciones.
Gerardo estuvo viendo las fotos por un largo rato y se le ocurrió una idea, si terminaba de seducir a Carla podría tomarle las fotos que quisiera y ella no tenia que saber que él las vendería. A fin de cuentas ninguno de los dos compraba diarios, y ya casi ni salían debido a la inseguridad. 

Al día siguiente Gerardo se disculpo con Carla y se dedicó a seducir a la chica, a fin de cuentas él le llevaba bastante edad y podía usar la labia para lograr su cometido. Y así fue, al cabo de unos dos meses ellos ya eran pareja y como tal tenían momentos de intimidad, momentos que Gerardo aprovechó para tomarle fotos haciéndola creer que nunca las mostraría. Cuando tenia ya unas 15 fotos, él las duplicó ay que para probarle a Carla que nunca las mostraría pegó todas las originales en la parte interna de la puerta de su closet. Y así se dedicó a tratar de venderlas
La primera vez que lo logró, fue feliz a su casa y cenó con su novia, a la hora de dormir, vio que una de las fotos que tenía en su pared se despegó; cuando él trató de volverla a pegar esta parecía no adherirse con nada. Ya con mucho sueño Gerardo se fue a dormir extrañado.
La siguiente vez logró vender unas cuatro fotos, y una vez mas en la noche vio como había cinco fotos que se “rehusaban” a permanecer pegadas en la pared. Como comenzó a sentir algo paranoico salio a la mañana siguiente a tomar fotos de paisajes, ya que eso siempre lo relajaba. Pero al tomar las fotos, comenzó a notar una película extraña en sus fotos, parecía estarse acumulando sin importar cuanto él limpiase la cámara.

Finalmente terminó de vender las fotos y para su terrible sorpresa cuando llego a su casa al atardecer ninguna de las fotos estaban, cuando fue con Carla a preguntarle por que las había quitado esta estaba bastante ebria y le dijo como pudo que extrañaba a su papá y que se había emborrachado pensando en eso. Cuando Gerardo la regañó por haber hecho eso la culpó de haber arrancado las fotos y ella le dijo que ella no lo había hecho. Gerardo comenzó a desesperarse y cuando Carla le pregunto que pasaba este explotó. Discutieron largas horas y finalmente Gerardo le contó de las fotos que había vendido. Carla en su ebriedad se puso a llorar y se encerró en su cuarto. Cuando Gerardo trato de calmarla esta le cerró la puerta en la cara y Gerardo solo se pudo sentar al pié de esta para tratar de hablar con ella en la mañana. Tomó la botella que estaba bebiendo Carla y se emborrachó esperándola.
Al día siguiente, Gerardo se levantó con una resaca tremenda, y vio que Carla no había abierto la puerta. Ella era una chica resistente a la resaca por lo que trato de despertarla tocando la puerta, cuando ella no respondió Gerardo comenzó a preocuparse, Carla estaba muy deprimida antes de pelear y eso hizo que Gerardo temiera lo peor, forzó la cerradura y para su horror vio lo que desgraciadamente esperaba, carla estaba boca abajo con las muñecas abiertas y las sábanas manchadas de sangre.
En un estado de crisis Gerardo tomó una maleta, metió toda la ropa que pudo, su siempre fiel cámara de rollo, sacó todos sus ahorros del banco y corrió hacia la esquina de los taxis donde pidió uno directo al aeropuerto, ya tenia suficiente dinero para irse solo así que decidió tomar el siguiente vuelo más lejano que su presupuesto le permitiese. Solo logró ir a una isla pequeña de su país donde había trabajado antes y sabía que podía permanecer un tiempo.

Ya en el avión comenzó a sentirse ligeramente mas calmado, ya todo iba a quedar atrás, comenzó a pensar en cómo haría para sobrevivir. Sacó varias fotos antes de despegar para revelarlas cuando llegara a tierra y durmió casi todo el viaje.

Al llegar busco el hotel mas barato que pudo dejó sus cosas y fue a revelar el contenido de su cámara. Cuando llegó a la tienda le dio su rollo al encargado y esperó a que estas estuviesen listas. Cuando el encargado las trajo, Gerardo las tomó con un espanto sobrenatural, y comenzó a gritar no puede ser una y otra vez mientras las pasaba. Todas las fotos eran de Carla y su padre, solo que con unos ojos negros que parecían escurrir un liquido a lo largo de sus caras.

Gerardo salió corriendo mientras pasaba las fotos una por una; todas eran iguales, siempre la misma imagen escalofriante, siempre mirándolo, invadiendo su mente a través de la oscura mirada de Carla y Miguel.

Finalmente al llegar a la última vio que estaba en el medio de la calle, pero ya no podía moverse, el terror lo había paralizado, lo que no ayudo a que el autobús que venia a toda velocidad no lo pudiera esquivar y lo arrollara, matándolo casi al instante.

Al llegar la policía el conductor del autobús, quien se había detenido unos metros mas adelante les dijo como esa persona, Gerardo, se había atravesado y que pensaba que era un suicidio. Por ultimo el conductor, con una cara de preocupación y espanto les comentó solo él se había acercado al cuerpo desde el accidente y que vio que el muchacho traía muchas fotos de paisajes, pero la que tenía en la mano parecía una foto de él mismo después de ser arrollado tomada dos personas, un hombre y una joven, acostados junto a él.

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