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Bueno, ¿Cómo carajos se juega a esto? – bufó Abraham, el rugbyer grandullón mete roñas del colegio. Nunca en su vida había jugado con una tabla "inútil" de ouija, pero claro, como todo lo que no conocía, era inservible, estúpido, idiota, etc.

 

Bueno, si dejan de insultar y se callan, les explicaré las reglas. Esto incluye lo que deben hacer, y lo que no deben hacer, como insultar a los difuntos. ¿Entendido? – Ironizó Geraldine, la chica engañosa quien habría arrastrado al grupo "ricón" del colegio a jugar invocando almas en pena. "Ricones" como ella y muchos más les llaman. Queriendo resumir "Desechos humanos con dinero que creen poder dominar y humillar a los demás por que sus ricos papis les cubrirán el trasero de las autoridades".


La tabla era una reliquia de la tía tercera postiza por parte de la abuela segunda de la tía madre vieja de su padre (o al menos así le ironizó su él cuando le trajo la caja con el tablero dentro), que ella ni sabía que eran parientes. Ni siquiera sabía que existían. En fin, la mujer murió y le dejo una antigua y estúpida tabla de ouija.


Mientras leen este relato, se que se estarán preguntando por que Geraldine habría llevado al quinteto de "Ricones" a jugar a la ouija. Semanas después de haber recibido la la tabla la había almacenado como todo lo que no quería en un lugar en el ático. El juego estaba allí, muy alejado de lo que sería su habitación, pero aún así comenzó a experimentar tentadores sueños. Sueños que implicaban una venganza segura y una innumerable cantidad de poder. Los sueños son fáciles de ignorar, solo son cosas que pasan mientras dormimos y ya. Todos los ignoramos, pero, acaso ¿todos experimentamos sueños constantes?


Ya iban meses y meses soñando lo mismo. Soñando con poder acabar con el sufrimiento y la humillación que le hacían sufrir los cerdos millonarios. Acabar con las palizas, las bebidas en la cara, los chicles y las porquerías en el cabello, el ver una chica sumamente vanidosa se acerque y bese a tu novio frente a tu propia cara y no poder hacer nada, por que al contarle al director, este conteste que tus acusaciones son nulas, y en tu interior saber que recibió una gran suma de dinero por parte de los Padres ricos. Todo los sueños, terminaban con ella, cubierta de sangre, feliz y empacando la tabla para volverla a guardar en el ático.


Luchaba por contener dichos sueños, pero ya le estaban constando el descanso. Las ojeras crecían bajos sus grises ojos, la palidez aumentaba en su piel blanca volviendo la grisácea y la cabeza le dolía como los mil demonios. Ya cansada, fue a por la tabla. En su centro, un rubí rojo como la sangre resplandecía en un brillo ennegrecido. Ella creyó que era por el polvo y decidió frotarlo, al hacerlo, cayó desmayada a velocidad rayo. Cuando despertó, la noche caía dejando ver las luminosas estrellas y la luna dando paso a una especie de luz, con un brillo rojo que cubría el cuerpo de Geraldine. Su mirada atontada miraba hacía la luna, vagaba por un mundo inexistente que la luz le proporcionaba. Pronto se puso de pie, decidida a que hacer. Ya tenía todo planeado.


No bastó de mucho tiempo para convencer a los cinco idiotas de ir a jugar una partida de ouija. Después de todo, estos ya habrían perdido la virginidad de más de 10 formas, habrían tomado alcohol hasta caer desmayados y quizá hasta incluso drogas, probablemente ya hayan tenido más de 5 entradas a la comisaría y todo con 17 años. ¿Por qué no probar una nueva experiencia que incluya espectros a manos de la chica a quien jodemos tanto? ¡Bien, hagámoslo!
Y aquí estaban, los seis juntos. Geraldine sabiendo en parte lo que haría, y en parte no. Era como si una fuerza instintiva la dominara en aquel momento. Allí estaban Abraham, Gale, Lucila (a quien Geraldine le guardaba un rencor especial) y por ultimo Camila y Damian, los mellizos. Lucila era quien beso a Jens. Por eso la odiaba tanto. Solo lo hizo por humillar a Geraldine. Esto favoreció su sobrenombre, Lucy "la de piernas flojas".


Todos estaban ahí por cometer el mismo pecado, el creerse superiores. Pero pronto sabrían con quien hay que meterse y con quien vale cruzarse de vereda al verlo caminar.


Bueno, tómense de las manos. Respiren profundo y oren. Piensen a quien desean ver. – Dijo al fin Geraldine, con la venganza haciéndosele agua a la boca.


Deseo ver el fantasma de la madre prostituta de Gerald. Bromeo ennegrecidamente Gale, mientras todos reían por lo bajo y Geraldine contenía las lagrimas de enojo por su madre muerta ya hace tres años. – De seguro ella podrá complacerme, después de todo, Lucy no quiere hacerlo. Gerald contenía la furia, el momento ya se acercaba. Pero aún así, Gale debía aprender cuando callar. De alguna u otra forma se lo haría saber. Oh, si que lo haría.


Calla Gale, asustaras a los espíritus y no obtendrás nada de mí. Finalizó Lucila.
Pronto comenzaron a orar por lo bajo, el instinto hizo abrir los ojos a Gerald. El rubí en medio de la tabla comenzaba a resplandecer.


Pronto se asustó, pero aun así permaneció arrodillada en el suelo, tomada de las manos de sus horribles compañeros mientras estos en una especie de trance oraban y mantenían sus ojos cerrados. La mujer estaba vestida de blanco, y su cara era tan angelical como sus movimientos. Sus ojos azules relucían en la oscuridad del ático, y su dulce sonrisa hacía que Gerald ya no temiera. Era una mujer familiar. Todo su ser le recordaba a alguien. Esa bella dama de blanco era su madre.
Esta tomo una especie de cuchilla, solo que sin mango y pequeña. – Te quiero Geri – susurro y la dejó helada. Pronto, se movía dulcemente alrededor de los adolescentes en trance, cortándoles el cuello, en un infinito baño de sangre, estos no reaccionaban, estaban vagando en el mismo mundo que Gerald al ver el resplandecer del rubí rojo en el centro de la tabla de ouija.


Comenzó por Abraham, Camila, Damian, Lucila y finalizo con Gerald. Se acerco a Geraldine, acerco su mano y la acaricio en la mejilla. – Te quiero – volvió a decir, y en un abrir y cerrar de ojos, ya no estaba. Tampoco los cuerpos, solo la sangre, brillante a la luz del rubí que aún brillaba.


Gerald tomó la tabla y la colocó en su caja. Lloriqueos y gritos de dolor y agonía de los "Ricones" provenían de la tabla. Probablemente ya estarían siendo torturados en quien sabe donde, quizá el infierno. Geraldine sonrió, cubierta en sangre y guardó la tabla, la cual estaba impecable. Quedaba mucho por limpiar antes de que su padre llegara.

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