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La curiosidad mató al gato... Nunca me perdonaré por lo sucedido, todo fue culpa mía y por eso quiero morir... Todo aconteció en una tarde de verano, mis amigas y yo caminábamos por el parque que está cerca de mi casa.

Platicábamos y reíamos

¡Miren eso! señaló Magda al pie de un ahuehuete.
Nos acercamos a las raíces del viejo árbol; algo brotó de las entrañas de la tierra.

¡Es una Ouija! dijo Liza al momento de tomar la tabla.
¡Deja eso! exclamé horrorizada al ver ese objeto que desprendía maldad.
No seas miedosa, me reclamó Erica es sólo una tabla.


Regresamos a la caminata pero cargando con la ouija. Mis amigas no paraban de comentar lo que le preguntarían a la dichosa tabla. Yo no le quitaba la vista al objeto hasta que salimos del parque.
Las chicas se psusieron de acuerdo para ver quién sería la que se llevaría el tablero. Por desgracia, fuí yo la elegida, porque era yo quien vivía más cerca del parque y me familia había salido por unos instantes. Inventé mil pretextos para no llevarla, sin más comentarios me entregaron la ouija. Al tomarla, un aterrador escalofrío recorrió mi espalda. Me dirigí con cautela hacia mi casa, vigilando que ningún vecino me viera cargando la ouija. Entré a mi casa, aún no había llegado mi familia; rápidamente entré a mi habitación y dejé la tabla debajo de la cama.


Los siguientes días le colocaba el seguro a la puerta de mi alcoba para que ninguno de mis hermanos entraran y descubrieran la ouija, o sino me metería en problemas con mis padres, porque ellos eran muy devotos a su religión católica. No obstante, sentía curiosidad por manejar ese juego, desconociendo que la curiosidad fue la causante de mi desgracia. Coloqué el tablero sobre mis rodillas, tomé un vaso de cristal y lo coloqué en medio de la ouija. Al principio no se movía, luego se deslizaba el indicador lentamente, había entrado en contacto con un ente del más allá.
Apartir de entonces, diario le hacía preguntas a esa entidad. Ya no era necesario colocar mis manos, el indicador se movía muy rápido respondiendo a todas mis dudas.


Cada día me veía pálida y ojerosa, eso era porque casi no comía y descansaba. En la secundaria no prestaba atención y le había mentido a mis amigas que había perdido el tablero.

Un día, había tenido una pelea con mi novio; por mi mente pasaba que Carlos me engañaba con otra. Decidida, de nueva cuenta consulté al espíritu. Le pregunté que si mi novio salía con otra chica a mis espaldas. "SÍ", fue su respuesta. Pregunté por el nombre de la persona con la que me engañaba, la ouija formó un nombre: Clara, incluso me dio su dirección.
Fuí a la casa de esa chica para encararla e impedir la continuación de ese noviazgo. Al tocar la puerta, salió un hombre mayor de edad. Con nerviosismo, fingí que era una amiga de Clara.

 

Eso es imposible, agregó el señor quien al parecer se trataba del padre de ella. Su mirada se clavaba en la mía. Clara no tiene amigos, además ella es sólo una niña...
Me quede paralizada, me enteré que Clara era pequeña que batallaba con una terrible enfermedad. Regresé a casa muy confundida, ¿por qué el espíritu me había engañado?. De repente, una voz cavernosa retumbaba en mi mente.

¡Estúpida, gracias a tí, pude alimentarme de un alma inocente! se burlaba de mí esa voz, yo no entendía nada ¡Ja, ja, ja! ¡Sólo te utilicé para llegar a esa niña y quitarle su miserable alma!
Me enteré que la menor había fallecido pero no a causa de la enfermedad, porque ya se estaba recuperando.
Ese maldito me usó para matarla...

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