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Me gustaba dar largos paseos con ella. Todas las tardes cuando caía el sol, iba a visitarla para que le diera un poco de paz y tranquilidad a mi alma, la cual estaba totalmente destrozada tras la pérdida de Esther. Aquél fatídico accidente de tráfico ... nos separó para siempre.

Aún lo tenía muy reciente.

Ana, que ya era como de nuestra familia, conseguía por unos momentos lograr que creyera que de alguna forma Esther permanecía a mi lado, aunque en el fondo sabía que me estaba engañando a mi mismo, pero ella me transmitía esperanzas.

Ana tenía un don, al menos eso es lo que ella y todos los que la conocían podían asegurar. Tenía la facultad de ver a los muertos... pero ... para mi todo aquello eran fantasías. Siempre había sido una chica muy sensible y pensé que igual se sentía bien creyendo que podía ayudar a aquellas personas desesperadas que necesitaban creer en algo. Pero yo no creía en la vida después de la muerte. Para mi la muerte ... era el fin, sin embargo Esther, siempre confió en la capacidad de su mejor amiga.

¿ Y dices que los muertos pueden vernos ?

Claro que sí. Diariamente estamos rodeados de personas fallecidas que nos observan desde su penumbra, aunque somos pocos los que tenemos la capacidad de poder percibirlos. La mayoría de los vivos, no pueden verlos a ellos.

No sé Ana ... ya sabes lo escéptico que soy ... Si así fuera, estoy seguro que Esther habría hecho lo posible para contactar conmigo o me habría enviado alguna señal.

Ana me miraba con ternura y compasión. Sus ojos brillaban de una manera especial, como si quisiera decirme algo. Hizo el amago de hablar pero sólo se quedó en el intento. Sabía que ocultaba algo ...

Dime Ana ¿ en estos momentos estamos siendo observados por alguno de ellos ? Seguro que sólo son imaginaciones tuyas ...

Ana agachó la cabeza y no quiso responderme. Quizás había sido un poco brusco con mi irónica pregunta. Quién sabe, quizás fuese yo el que estaba equivocado. ¿ Quién me asegura a mi que no hay un más allá ? Quizás Ana realmente tenga la capacidad de ver a los muertos, podría ser... ¿por qué no? ... o ... quizás sólo fuesen mis ganas locas de creer que Esther no había desaparecido para siempre.

Lo siento Ana, disculpa si he puesto en duda tu credibilidad, pero estoy desesperado... Llevo días que no soy el mismo.

No te preocupes Diego, entiendo que estes confuso y con ganas de salir de esta pesadilla. Pronto podrás tener paz en tu corazón y podrás vivir tranquilo.

¿La ves a ella?

Todos los días.

Me gustaría poder creerte.

Fue tonta la discusión que tuvísteis antes del accidente.

La miré sorprendido. No se lo conté a nadie. Sólo lo sabíamos Esther y yo. Ese fue el último momento que estuvimos juntos.

No debiste decirle que te habías arrepentido de casarte con ella sólo con la intención de hacerle daño. Y justo en ese momento fue cuando se desencadenó aquel fatídico accidente que os separó para siempre.

Me quedé impresionado. ¿Cómo podía saberlo? Sentí un escalofrío en el cuerpo que hizo agitarme. Era imposible que Ana supiera aquello. Fue justo lo que le dije a Esther y justo lo que ocurrió a continuación. Después de aquello no me quedó otra que darle el beneficio de la duda. Algo me decía que debía darle una oportunidad y averiguar si de verdad Ana era una privilegiada.

¿Cómo puedes saber eso? ... ¡si sólo estábamos los dos! ...

Ya te dije que la veo y hablo con ella todos los días.

Ana, si es verdad que puedes contactar con ellos, ¿crees que habría posibilidad de invocarla? ¡Cuánto daría por volver a verla por última vez y poder despedirme!. La extraño tanto ... que no puedo descansar tranquilo...

Claro que puedes Diego, pero no es tan fácil. Puede que lo que veas no te guste. Las cosas no son siempre lo que parecen.

Me arriesgaría a cualquier cosa. Por favor Ana, tienes que ayudarme. Necesito comprobarlo por mi mismo. Saber si está bien, si es verdad que no ha desaparecido del todo ... que sigue conmigo...lo necesito.

Sabes de sobra que te voy a ayudar, pero recuerda que quizás te impresione mucho lo que vas a ver. Te repito, que las cosas no son como tú piensas.

Me daba lo mismo lo que pudiera ocurrir. Echaba tanto de menos a Esther que mi amor por ella y la desesperación, me impulsaban a cometer la locura de hacer una sesión espiritista con mi amiga. Algo en lo que nunca había creído y de lo que me solía reir.

Llegamos a casa de Ana. Me dijo que me sentara y me pusiera cómodo mientras ella iba al otro cuarto a coger lo que siempre utilizaba para sus sesiones espiritistas. Pero la espera se me hacía eterna. No entendía el por qué de su tardanza, por lo que decidí ir a comprobar si ya estaba lista.

Ana ... ¿por qué tardas tanto? ¿ necesitas ayuda ?

Perdona Diego ... es que estaba haciendo una llamada telefónica ... ya estoy preparada.

Nos sentamos los dos alrededor de la mesa. Ana encendió una vela y la colocó dentro de un vaso, manías que tenía siempre que realizaba una de sus sesiones. Confieso que a pesar de no creer en estos temas, me sentía intrigado e incluso algo nervioso. No sabía lo que podría ocurrir...Y después de que Ana me contara la discusión que Esther y yo tuvimos, no cabía ninguna duda de que algo extraño estaba sucediendo.

Ella me cogió las manos para tranquilizarme. Las tenía muy calientes, yo sin embargo las tenía heladas y temblorosas. Comencé a sentir miedo, lo reconozco.

Ana no paraba de mirar hacia la puerta. La notaba nerviosa y sus ojos expresaban inquietud. Eso hacía que me pusiera aún más nervioso. Ya no sabía si creerla o pensar que mi amiga me estaba tomando el pelo, pero fue entonces cuando poco a poco comencé a notar una extraña sensación en mi cuerpo. Un calor enorme se fue apoderando de mi. Era una sensación única, me sentía enérgico, con mucha fuerza, y el miedo se adueñó de mi. Quizás estuviese sugestionado por el momento, pero yo estaba sintiendo aquello, era algo muy real...lo sentía con mucha fuerza.

Ana ¡qué me está sucediendo!, siento mucho calor...como si estuviese absorviendo algo ...

Ana me miraba mientras sujetaba mis manos y me repetía una y otra vez que me tranquilizara, que todo aquello que estaba sintiendo era algo normal, que siempre sucedía lo mismo cuando se iba a producir una manifestación.

¿ Cuándo va a aparecer ella ?

Viene de camino ... Mira Diego, ya está aquí, ¿no la sientes?. Me dijo casi susurrando ...

Me llevé la mayor sorpresa de mi vida, no podía creer lo que estaban contemplando mis ojos cuando la vi aparecer. Allí estaba ella ... Sentí de repente una mezcla de emociones inexplicables. No pude pronunciar ninguna palabra, no pude reaccionar, me quedé inmóvil. Solo era capaz de mirarla, pero sin poder hacer nada. La impresión fue muy grande y casi no me lo podía creer. Seguía mirándola sin salir del asombro, tenía el rostro demacrado y con ojeras, como si se hubiese llevado semanas y semanas llorando y sin dormir...pero seguía igual de hermosa que siempre, ella era mi vida y sin ella, nada ya tendría sentido.

Impulsado por las ganas de besarla y abrazarla, me incorporé y me dirigí hacia ella lentamente. No me pude contener las lágrimas. Allí estaba ella, a sólo cuatro pasos de mi. Parecía asustada pero ni siquiera me miraba, como desorientada y perdida. Tenía un aspecto normal, salvo por las heridas de cortes que tenía en la cara, llena de moratones. El accidente debió ser brutal, yo apenas pude recordar nada.

Me acerqué a ella y con cierto temor intenté tocarle la cara, pero algo me lo impedía. No conseguí sentir su tacto, como si mi mano no pudiese llegar a su cara.
Deseaba hablarle, pero se quedó sólo en el intento cuando de repente, su voz se pronunció...

Hace mucho frío aquí ... Ana ...

Me asusté, no esperaba que pudiese hablar. Volví a intentar articular alguna palabra pero me era imposible. Fue tanta la impotencia de no poder comunicarme con ella que el calor que sentía al principio cada vez era más intenso.
La vela se apagó y un ruido hizo que desviara mi atención hacia otro lado. El vaso que había encima de la mesa con la vela, cayó al suelo sin ser impulsado por nadie. La luz empezó a parpadear hasta que nos quedamos casi a oscuras, salvo por unas velas que aún quedaban encendidas...

Miré de nuevo a Esther y pude ver el miedo reflejado en su rostro. Estaba temblando y a punto de llorar y miraba a Ana desconcertada mientras Ana me miraba a mi como si estuviese a punto de decirme algo. Pero Esther, con la voz quebrada por el llanto, la interrumpió antes de que pudiera decir nada.

¡ Qué ha sido eso ! ... Ana ... ¡ ¿Diego está aquí verdad? !

Una avalancha de imágenes me vinieron a la cabeza. Recordé el día del accidente, cómo íbamos los dos discutiendo mientras yo conducía. Un coche que venía de frente se cruzó al carril por el que íbamos nosotros. Tenía algunas lagunas en mis pensamientos pero ... lo que sí recordaba era la ambulancia llevándose a Esther, mientras yo permanecía allí de pie contemplándolo todo sin saber qué estaba sucediendo. Nadie se preocupó por mi estado y eso me extrañó. Pero ahora todo cobraba sentido, lo tenía todo claro. Comencé a ver las imágenes una por una, el coche de frente dirigiéndose hacia nosotros a toda velocidad, Esther al lado mía inconsciente, con el rostro sangrando. Recuerdo haber salido del coche con normalidad ... no, aquello no era normal después de aquél violento choque. Fue en ese momento cuando comprendí, que quien sobrevivió a aquél accidente ... no fui yo...

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