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Salió del más allá para destruirlos...Narrado por Hellen Sánchez ¡Germán...Germán... gritó uno de los miembros de la congregación dame bálsamo y un crucifijo, hay algo que no debe pasar!

¿Qué sucede? respondió mi esposo intrigado por la extraña presencia en la casa donde vivimos desde que nos casamos.

¡Se siente un alma errante!
No fue necesario esperar mucho tiempo, flotando en la sala, la silueta ennegrecida de un monje o un ser con vestimentas amplias y oscuras recorrió algunos metros para desaparecer ante la vista incrédula de ambos hombres.
Por muchos años, nuestro hogar fue un templo espiritista, motivo más que suficiente para que algo de esa energía aún permanezca en los muros. Afortunadamente, los dos tenemos la aptitud de mirar lo que el resto de los humanos no puede; contamos con la capacidad de expulsar entes maléficos cuando quieren tomar posesión de un cuerpo humano o bien, servimos como receptores de seres de luz que necesitan comunicar algo a sus familiares terrenales.
¡Era un especie de monje!, me contó mientras cenábamos flotó por toda la sala y ¡desapareció!

¿No pudiste enterarte de lo que quiere? pregunté extrañada.

¡No!, me respondió suspirando, levantamos oración y bálsamo, espero que ya no vuelva a manifestarse.
Este tipo de fenómenos no son nuevos para nosotros, les hemos perdido el miedo a varios tipos de energías errantes por nuestra dimensión. Sin embargo, hay otras malvadas con el único fin de atormentar a los vivos.
Cierta noche, terminamos de cenar para ir a la recámara para descansar. Pero de manera intempestiva, el ambiente se enrareció; una fuerte presencia nuevamente se apoderó de la habitación.
¡Virgen santísima!, dije en voz baja, ayuda a esta alma a descansar en paz, dale el perdón eterno para que se vaya al lugar donde pertenece.

¿Sentiste lo mismo? preguntó Germán, quien comenzaba a tener fuerte escalofrío.

- Claro, lo percibo - respondió mirando como su cuerpo temblaba.

Vamos a levantar oración ordenó con voz trémula y un tanto cortada.
Elevamos plegarias para que ese ente, al parecer muy poderoso, nos dejara en paz; sin motivo aparente, mi perro, desesperado, comenzó a ladrar mientras rascaba la puerta principal.

- Algo le pasa al perro dije- al momento que caminaba hacia el cerrojo para dejarlo pasar.

- Recuerda, los animales son más sensibles a éstas manifestaciones - respondió hablando cada vez más lento.
Apenas tuve enfrente al canino, se levantó en sus patas traseras para lamerme las manos. Nuevamente, nuestro entorno se mostró denso, húmedo, pesado, con un ligero olor a flores marchitas.

¿Qué ves? exclamé al percatarme que nuestra mascota ladraba intensamente soltando mordidas a diestra y siniestra.
Por un momento, tenía la impresión de que el perro había localizado a su presa, gruñó acorralando a un enemigo invisible. Esa manifestación fue más poderosa y lo hizo aullar y correr al otro lado de la casa.
Pensé que todo había terminado, volví a la recámara y vi que mi esposo dormía profundamente; tratando de olvidar todo, decidí encender la televisión y distraerme. A penas me acerqué al aparato, gracias al reflejo del monitor, me percaté que esa ser estaba recostado en uno de los sillones de la sala.
- ¡Germán- llamé histérica a mi marido- ya regresó, está en la sala...! -
Mi pareja estaba en trance; mantenía los ojos cerrados y se movía violentamente de un lado a otro. Era señal inequívoca de que se trataba de un espíritu superior. No sólo era un alma empeñada en provocarnos miedo sino que también tenía propósitos malignos.
Tomando bálsamo y una cruz, decidí enfrentarlo y saber de una vez por todas de quién se trataba.
- ¿Qué quieres en mi casa?- pregunté de manera violenta.
Volteó de forma paulatina, emitiendo temibles sonidos que parecían una risa hueca y misteriosa, como si se burlara de mí. Al tenerla enfrente, el aliento me abandonó y las piernas se quedaron paralizadas: era la cara de una calavera, en algunas partes del cráneo aún había pedazos de carne viscosa y putrefacta. Movió la quijada rápidamente, parecía soltar una carcajada pero no emitió sonido alguno; se levantó del sofá y dejó al descubierto los huesos de los brazos envueltos en jirones de tela sucia y carcomida.
No tuve otra opción más que orar; mi perro saltó sobre ese ser de ultratumba, que poco a poco avanzaba hacia mí. Yo aún permanecía estática de la impresión. El espíritu se esfumó dejando una nube negra de penetrante olor a azufre.
Al otro día, nuestra mascota comenzó con fuertes convulsiones y ataques hasta morir en medio de dolores y agudos quejidos. En la congregación me comentaron que esa alma venía por mí o por mi esposo; mi fiel perro decidió tomar nuestro lugar para ir al viaje sin retorno.

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